Rey del festín
Tras la comida romana, un "rey del festín" designado por los comensales, era quien fijaba la cantidad de copas que cada uno había de beber y la fuerza del vino. Si el "rey" era un hombre moderado, todo marchaba de la mejor manera; se conversaba tranquilamente, se jugaba a los dados y a las tabas, se escuchaba a cantores, o músicos, o recitadores, se admiraba a juglares o equilibristas. Pero si el "rey" no sabía mantener a sus "súbditos" en sus justos límites, llegaba la embriaguez y con ella todos los desórdenes, hasta el momento en que los invitados regresaban a sus casas, sostenidos por sus esclavos. Ver, Comissatio.

