Suertes
Ciertas clases de adivinaciones. Por lo regular consistían en una especie de dados en los cuales estaban grabados algunos caracteres o palabras, cuya explicación se hallaba en unas tablillas hechas a propósito. El modo de practicar esta especie de suertes se diferenciaba según los lugares. Había templos en que se tiraban los dados, en otros se hacían salir de una urna, de donde derivó el proverbio griego la suerte ha caído. El juego de los dados iba siempre precedido de sacrificios y de otras muchas ceremonias. En Grecia y en Italia se sacaban con frecuencia las suertes de algún poeta célebre; como de Homero, Eurípides, etc. Lo primero que se presentaba, al abrir el libro, era el decreto del cielo. Esta creencia pasó también al cristianismo y se llamaba suerte de los Santos y de los Apóstoles. Se practicaba abriendo uno o varios libros de la escritura u otros de los que se usaban en la iglesia. Se ponían sobre el altar un poco antes de expirar el tercero o último día de ayuno y de rogativas preparatorias, luego examinaban el pasaje o las primeras lineas que se ofrecían a la vista y, lo que en ellas se decía, lo consideraban como la explicación de la voluntad y los decretos del cielo y consideraban también que les descubría infaliblemente el resultado del negocio que consultaban. Ver, Adivinación.

