Sumidero de Curcio
M. Curcio, caballero romano, para hacer cesar la peste, se precipitó en un abismo que se abrió en la plaza pública de Roma, al que dió su nombre. Mientras se mantuvo abierto le arrojaron en él monedas, según la costumbre establecida de honrar de este modo los lugares consagrados. Este sumidero se cerró después y sobre el terreno se levantó una estatua a Domiciano.

