Superi
Los dioses del cielo se diferenciaban de los dioses de los infiernos: 1º) por el número de los altares, pues a los primeros se erigían tres y a los segundos sólo dos; 2º) en el modo de tributarles los sacrificios; los que tributaban los sacrificios a los dioses de los infiernos, recibían únicamente la aspersión, y los que sacrificaban a los dioses del cielo, se lavaban enteramente. Se ofrecía incienso y vino a los primeros, dirigiéndoles tres veces la palabra, y a los segundos dos veces, presentándoles únicamente leche. Las víctimas que se inmolaban a éstos eran negras y en número par. Las de los dioses eran blancas y en numero impar. Había también diferencia en la situación de la víctima, en el modo de degollarla, y en el de hacer las libaciones y las rogativas. La víctima de los dioses celestes, cuando la herían, tenía la cabeza levantada y la degollaban por debajo del cuello, lo que se expresaba con fermun imponere: se derramaba la sangre sobre el altar, y las libaciones se hacían teniendo la palma de la mano levantada, lo que se llamaba fundere manu supina, y se hablaba en voz alta mirando al cielo. Cuando se dirigía un sacrificio a los dioses de los infiernos, se practicaba todo lo contrario. La víctima tenía la cabeza inclinada hacia el suelo y se la degollaba por encima del cuello, lo que se llamaba ferrum supponere. Se derramaba la sangre en un hoyo, y se inclinaba la mano derecha al lado de la izquierda, lo que se llamaba invergere. Finalmente las rogativas que se dirigían a estos dioses, se hacían con las manos bajas e hiriendo la tierra con los pies, porque se creía que habitaban debajo de la tierra.

