Saunas castreñas
Las saunas castreñas, también denominadas rústicas, monumentos con horno, cámaras funerarias o pedras formosas, constituyen el corpus monumental en torno al cual se ha generado el repertorio interpretativo más diverso y concurrido de cuantos se relacionan con la Protohistoria del noroeste peninsular. Son edificios singulares construidos en el interior o entorno inmediato de los poblados fortificados y su distribución geográfica se restringe al cuadrante noroeste de la península Ibérica. De planta rectangular y cabecera por lo general absidiada, su estructura interna se organiza en estancias sucesivas, cubiertas a dos aguas sobre falsa bóveda, donde pueden identificarse canalizaciones, depósitos para el agua y zonas de combustión. Las particularidades formales de su estructura y la relativa monumentalidad de su fábrica producen un inevitable contraste con los tipos constructivos que definen el rutinario paisaje urbano de los castros. El origen, función y significado de estos edificios ha sido motivo de encendida discusión desde las primeras décadas del siglo. La denominación Pedra Formosa deriva del gran monolito decorado a través del cual, en los edificios portugueses, se accedía a las estancias posteriores. Desde el siglo XVIII era conocida una de estas soberbias piezas. En el Castro de Coaña se descubrieron las primeras saunas castreñas y fueron durante muchos años interpretadas como cámaras funerarias destinadas a la cremación de cadáveres. El debate sobre la naturaleza de los edificios en que se instalaban las pedras formosas se prolongó durante décadas. A partir de 1955, se propuso la semejanza funcional de estos edificios y los recintos termales romanos. Ver, Castro.

