Mardoqueo

Benjaminita residente en el imperio de Asuero y primo de la reina Ester. Hacía las funciones de portero en la entrada del palacio. Un día, mientras se encontraba en su puesto, escuchó por casualidad cómo se preparaba un complot contra el rey y lo denunció, salvando así la vida del monarca y la suya propia. Se negó a postrarse ante Amán, el favorito del rey que, en venganza por semejante afrenta, planeó la aniquilación de todos los judíos que residían en las 127 provincias del imperio de Asuero. Pero el rey, que había sancionado por descuido los designios de Amán, terminó por enterarse de cuales eran exactamente sus intenciones; entre otras la muerte de su esposa. También fue entonces cuando se enteró de que Mardoqueo le había salvado la vida. Se volvieron las tornas: Amán cayó en desgracia y fue ahorcado, mientras que Mardoqueo era ascendido al puesto de su rival, a la vez que se le entregaban todas sus riquezas. La figura de Mardoqueo ha venido a convertirse en un símbolo de la mutabilidad de la fortuna: hombre perteneciente a una estirpe aristocrática benjaminita, convertido luego en sirviente con oficio de portero en un imperio extranjero, consiguió, no obstante, alcanzar el poder y la riqueza gracias a su probidad y a su patriotismo bien entendido (sin olvidar su habilidad para mantener los oídos bien abiertos).
 
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