Serpiente
Es muy difícil alcanzar un acercamiento completo al significado real de la iconografía de la serpiente a lo largo de la historia. Por ello, se ha optado aquí por agrupar los temas en función de bloques iconográficos concretos, muy significativos, ordenados según temáticas y símbolos. Moviéndose de Oriente a Occidente y desde la Prehistoria hasta la Modernidad, se puede llegar a percibir, siempre desde el rigor histórico en la lectura de las fuentes escritas, la importancia que tuvo la serpiente en la iconografía, el arte, la historia y las religiones antiguas.
)o()o( I.- Razones biológicas que explican su sacralidad )o(
No es fácil establecer las causas profundas por las que la serpiente gozó de tanto protagonismo a lo largo de la Historia. Tampoco es fácil aislar las razones por las que llegó a catalizar yantos y tan variados contenidos semánticos y semióticos. Quizá, el origen del culto que los hombres primitivos la tributaron, se encuentre en el efecto de superioridad biológica que se establece si la comparamos con otros seres de la naturaleza, en especial con el hombre. La mayoría de los reptiles experimentan un crecimiento constante de sus huesos, que no cesa al alcanzar la madurez sexual, sino que prosigue durante toda su vida. Tampoco pierden sus dientes cuando envejecen, sino que el proceso de caída y crecimiento de piezas dentales nuevas es continuado a lo largo de su vida. Las serpientes tienen una columna vertebral muy flexible, dotada de potentes músculos dorsales, que les facilitan un desplazamiento rápido. De la serpiente fascinan sus ágiles movimientos, tanto cuando se mueve por la tierra, como cuando viaja por el agua. Posee una habilidad especial para desaparecer repentinamente, para esconderse entre las rocas y para pasar inadvertida, mimetizada con el terreno. Algunas serpientes están bien adaptadas para la vida en árboles y arbustos. Tienen colas largas que se enroscan alrededor de las ramas, para guardar mejor el equilibrio, o pliegues en las escamas ventrales que les proporcionan puntos de anclajes adicionales para no caerse. Cuando en el arte cristiano se representa la historia de Adán y Eva, la serpiente elegida corresponde, casi siempre, a una especie arbórea. A todas estas características biológicas, que convierten a la serpiente en un ser extraordinario, hay que añadir el poderoso brillo de sus ojos, su fascinadora fuerza y la profundidad inquisitiva de su mirada.
)o()o( II.- Voracidad y enfrentamiento de la serpiente contra el elefante cristológico )o(
Muchos relatos medievales describen el enfrentamiento entre el elefante cristológico y la serpiente satánica. El fisiólogo, largo tiempo atribuido a Aristóteles por los intelectuales escolásticos dice: "Existe un animal llamado elefante que carece del deseo de copular [...]. No existen animales mayores. Los persas e indios, instalados en torres de madera a lomos de los elefantes, luchan, a veces, entre sí, con jabalinas, como si lo hicieran desde un castillo". "Los dos animales más opuestos y que más rivalizan entre sí son la serpiente y el elefante, que se odian extraordinariamente [...] y mantienen guerra perpetua. [...]. La serpiente se coloca al acecho, en los caminos por donde sabe que pasan los elefantes, y enrosca su cola al muslo del elefante y lo oprime, con tal fuerza, que lo hace caer a tierra, matándole". Las serpientes constrictor aplican justo la presión necesaria para interrumpir los movimientos respiratorios de sus víctimas, asfixiándolas. Sólo después de haberlas asfixiado, abren sus mandíbulas e ingieren el alimento inerte.
)o()o( III.- Serpiente y sexualidad fértil )o(
La mayoría de las serpientes se reproducen poniendo huevos, como las aves, pero no viven en nidos, sino en el interior de madrigueras, como los mamíferos. Su comportamiento reproductor fascinó a los hombres de la antigüedad, quienes convirtieron a la serpiente en un poderoso símbolo sexual. Los posibles significados eróticos de la serpiente son muy ambiguos y deben interpretarse en función del contexto histórico-artístico en que se producen. Además, por su condición de reptil es un animal ctónico, apegado siempre a la tierra, lo que deja clara su vinculación a la misma y a sus cualidades reproductoras, por eso se asocia a la idea de fecundidad femenina y acompaña a diosas agrarias como Cibeles, Rea y Démeter, de cuyo carro tiran cuadrigas de serpientes. Sus madrigueras y agujeros simbolizan la gran vagina fértil de la diosa de la fecundidad. Las serpientes tienen un comportamiento reproductor muy peculiar: cuando la serpiente macho ha conseguido encontrar a una hembra receptiva, percibe su fertilidad a través del órgano de Jacobson, se aproxima a ella y la estimula pasándole la barbilla por el dorso, mientras sus cuerpos y colas se entrelazan. Después de haber copulado, las crías de los reptiles se desarrollan dentro de un huevo, en el interior de una bolsa de líquido amniótico amortiguador, llamado amnios. Casi todas las serpientes entierran los huevos en el suelo, bajo la arena, bajo el estiércol, o bajo la vegetación en descomposición, porque su putrefacción produce el calor necesario para que se terminen de desarrollar los embriones. En otras ocasiones, mostrando un comportamiento biológico de prodigiosa inteligencia, la serpiente deposita los huevos en nidos de aves de sangre caliente, para que los pájaros incuben, al tiempo que a su propia progenie, a la ajena. Algunas serpientes ovófagas, primero devoran los huevos de los pájaros y luego depositan los suyos propios en sustitución de los huevos del pájaro, obteniendo un doble éxito biológico al alimentarse y asegurarse la incubación de su progenie. En África el culto a la serpiente fértil es conocido desde el 3.000 a.C. a través del dios Danh-sio o Danhgbi, el arco iris, que devuelve la salud a los hombres, les da la riqueza y regenera la vida a través de la lluvia. A la sagrada serpiente voladora se la representa multicolor y cornuda, mezclando elementos iconográficos propios del toro fecundador. Se le atribuye la inmortalidad, la omnisciencia, y la omnipotencia. Quizá, en el dios Danhgbi, deba buscarse el origen de la iconografía del dragón, que no deja de ser sino una serpiente voladora o un lagarto volador, que recibe el nombre de pterosaurio. La serpiente multicolor, cornuda y con un cierto aspecto que la asemeja al arco iris, aparece representada, ocasionalmente, en el arte cristiano, con el mismo sentido de fertilidad sexual que tenía para los hombres primitivos. Otra de las razones por las que la serpiente se identifica con la fertilidad femenina y la regeneración de la vida es porque, al deslizarse, su cuerpo describe una trayectoria similar a la de un río. Algunos pueblos de la antigüedad creían que el agua era la fuente de vida por ser el hogar donde habitaba una diosa con aspecto hibrido entre una mujer y una serpiente. Para los intelectuales de la Edad Media había dos comportamientos reproductores diferentes. El primero de ellos corresponde a los mamíferos, se produce con periodicidad anual y concluye con el parto de un número limitado de crías. El ejemplo más elocuente sería la mujer, que, aunque pueda tener gestación y parto múltiples, sólo es posible que curse a término un embarazo al año. Los hombres del medioevo creían que éste era un comportamiento reproductivo conveniente, porque era el que Dios quería para sus criaturas predilectas. En cambio, el otro comportamiento, con multitud de crías en cada preñez, era detestable. Solía identificarse con los ofidios y anfibios, que los autores escolásticos agrupaban en una misma categoría biológica, siguiendo una opinión expresada ya por Aristóteles. En el ambiente cultural judeo-cristiano, la extraordinaria capacidad reproductiva de las serpientes y las ranas pasó a identificarse con el pecado de la lujuria y así aparece en la iconografía de los castigos del infierno, lugar en el que estos animales atormentan a quienes han dominado en vida.
)o()o( IV.- La serpiente como símbolo fálico benefactor )o(
En ocasiones, la serpiente simboliza lo masculino, por su asociación con las formas fálicas. Los hombres antiguos percibían el huevo como un cuerpo inerte que genera vida; solían compararlo con la bolsa de líquido amniótico en cuyo interior se produce la gestación del feto de un mamífero. En las ideas míticas de muchas culturas hallamos el Huevo Cósmico, interpretado como el conjunto de fuerzas creadoras, existentes en el Universo desde el momento mismo de su génesis. Según esta creencia, se presupone que el huevo existía, flotando sobre un océano primigenio de fluidos. El mundo organizado surgió de su interior, después de que una serpiente masculina, enorme y poderosa, lo abrazase y copulase con él, fecundándolo sucesivamente hasta formar los distintos estadios de la vida.
)o()o( V.- Los orígenes orientales del culto a la serpiente: Khmu y Lakhmu )o(
Se cree que el origen del culto a la serpiente debe buscarse en el período sumerio, que abarca del 3000 al 2500 a.C.. A través del Enuma Elish, auténtica teogonía mesopotámica, sabemos que los sumerios creían que en una etapa atemporal, anterior a la propia historia, el mundo era una masa líquida y amorfa, de la que se fueron aislando los elementos iniciales, primigenios, progresivamente más complejos. Los elementales fueron dos monstruos: Apsu, el Océano primordial, y Tiamat, el Mar tempestuoso. De su oleaje mezclado nació Mummu, que debe ser interpretado como la razón divina conforme a la cual todo adquiere sentido. Después vieron la luz dos serpientes sagradas, Khmu y Lakhamu, de cuya capacidad reproductora nacieron Anshar, el horizonte celeste, y Kishar, el horizonte terrestre. También está ligado a diversas figuras mitológicas mesopotámicas. Con dos serpientes a cada lado se representaba la masa, atributo del dios Ninurta. Su contenido religioso era prácticamente igual al del dios Ningirsu. También Ishtar era una diosa ctónica con serpientes en la mano. Y una serpiente alrededor de una vara era el atributo del dios de la medicina sumerio Ningizzida. También Tiamat tiene forma de serpiente, así como Hedammu, Babi y Mush-tu-nu-zue. Para algunos estudiosos, los pueblos del Próximo Oriente Antiguo aceptaron la serpiente como una deidad poderosa, mientras que, entre los pueblos de origen semita y entre los arios de Occidente, la serpiente, como diosa, no llegó a triunfar, sino que hubo de transformarse en un símbolo; para otros, el culto a la serpiente nació en Egipto y se difundió, a través de los fenicios, por todo el Mediterráneo, con independencia de los grupos étnicos que lo habitaban; es difícil saber cuándo llegó su culto a la India, a China, al Pacífico y a la América prehispánica. En China existen templos dedicados a la serpiente, relacionados con la creencia en la metempsicosis. En general se relacionan con el profundo temor hacia los terribles venenos de este reptil. En el área del Pacífico, la serpiente aparece como un tótem, sólo o acompañado de otras imágenes, casi siempre como objeto al que se tributa perpetua adoración. Durante ss., la humanidad ha oscilado entre la aceptación de su culto, la admiración de sus cualidades y el rechazo más absoluto. Todas estas circunstancias dieron origen a sentimientos de extrañeza, respeto y miedo, que acabaron convirtiendo a la serpiente en auténtica protagonista de gran número de concepciones religiosas, mitos, fábulas, cuentos y relatos. En la cultura azteca, la serpiente era un poderoso símbolo religioso. Los templos más sagrados eran protegidos por serpientes cascabel a las que se consideraba sagradas y a las que se alimentaba con carne procedente de los más importantes sacrificios humanos. El origen de algunos de sus dioses, al igual que sus poderes, residían en un don otorgado por la serpiente, por ejemplo, Huizilopochtli, benefactor del género humano, divinidad con aspecto de colibrí antropomorfo, nació de Coatlicue, el dios Serpiente. Sin lugar a dudas, la serpiente más sagrada de la América prehispánica era Quetzalcóatl, cuyo nombre deriva de cóatl que significa culebra, y quetzalli que significa pluma. Era una personificación del lucero vespertino, hijo de TonacatecuIi, el Sol, tonacacihuatl la Tierra, y hermano de tezcatlipoca, la Luna. Residía en una mansión blanca, llamada Teoixtac, y presidía e! comercio y la adivinación premonitoria. En el conjunto arqueológico de Chichén ltzá se levanta una monumental pirámide escalonada consagrada a la Serpiente Emplumada Quetzalcóatl. Está orientada de un modo preciso, para que, cada equinoccio, el 21 de marzo, y el 22 de septiembre, sobre la cara oscura en la sombra, un rayo de sol dibuje, durante unos breves instantes, una gigantesca serpiente que desciende por la escalera hasta el suelo, hecho que simbolizaba la bajada del dios desde el cielo hacia la tierra utilizando la escalera sagrada de la pirámide escalonada. Su llegada era recibida con los máximos honores pues se suponía que beneficiaba a sus fieles adoradores y al conjunto del pueblo, otorgándoles fertilidad y riqueza.
)o()o( VI.- La serpiente y las creencias funerarias: muerte y resurrección )o(
El cuerpo de la serpiente ejerció una poderosa atracción visual en los hombres del pasado, por estar cubierto de escamas brillantes, de vivos colores, siempre en tonalidades frías y relucientes. Como veían que la serpiente tenía sus madrigueras en el suelo y se introducía por las pequeñas oquedades del terreno, consideraban que era conocedora de los caminos que conducen al intramundo. Muy pronto nació una creencia por la que el hombre, tras su muerte, iniciaba un viaje al mundo subterráneo, cuyo camino le habría de conducir a la vida eterna. Si lo realizaba correctamente, adquiría un estado de beatitud plena y el alma pasaba a habitar en un espacio geográfico imaginario, junto a los dioses. El camino era muy peligroso porque estaba lleno de seres maléficos que intentaban desorientar al difunto. Sabemos que, desde el Imperio Antiguo egipcio, la serpiente era el guardián de la puerta que conduce al mundo subterráneo. En algunas pinturas, como las que decoran la tumba del faraón Tutmosis III, se representa a la serpiente guiando y protegiendo al difunto en su viaje tenebroso. En consecuencia, en el antiguo Egipto, la serpiente tenía un carácter benefactor, pues ayudaba al hombre a llegar al Más Allá. Ese mismo carácter benéfico lo posee también el Ureus, una cobra sagrada que, a la manera de un adorno capilar, llevaban los faraones a la altura de la frente. Así aparece, por ejemplo, en la máscara de Tutankhamón. El Ureus encarna el ojo solar de Ra, que emerge en todo su poder para destruir, con su aliento de fuego, la mentira y el mal. De este modo, colocado sobre la cabeza del faraón, constituye un símbolo de soberanía. Entre las múltiples representaciones iconográficas de Ra, una de las más destacadas y repetidas es el doble áspid. El Ureus protege al faraón y amenaza a los seres humanos. Se le dedicaba un culto diario, a fin de aplacar su ira y apaciguarlo antes de tratar con el dios viviente. Los antiguos egipcios, creyendo que la serpiente era conocedora de los secretos de la vida y de la muerte, la asociaron a los ciclos iconográficos de la resurrección, así como a ciertas divinidades de la fertilidad agrícola, representadas con cuerpo de mujer y cabeza de serpiente, como Renenutet, diosa de la cosecha, Merer-Seger y Verethekau, diosa protectora de la necrópolis de Tebas. El nombre de la diosa Merer-Seger significa "la que ama el silencio", recibía veneración en pequeños santuarios del pueblo o en altares particulares que los hombres tenían en el interior de sus casas. Se creía que tenía su casa en la cima de una cumbre montañosa, a ella se dirigían sus fieles implorando ayuda y protección, para obtener buenas cosechas de trigo. El simbolismo de la serpiente en el mundo egipcio no es, en modo alguno, unitario. Los antiguos egipcios tuvieron varias diosas serpientes, casi siempre vinculadas a la idea de fertilidad. Así, la diosa cobra era la portadora del crecimiento de las plantas. Se documentan serpientes aladas, con pies, policéfalas…, todas de muy difícil interpretación por la ausencia de textos jeroglíficos que expliquen su verdadero significado. Junto a los simbolismos benefactores para la humanidad, se encuentran los simbolismos negativos, por ejemplo, la serpiente caracteriza, casi siempre, al dios Apofis, que es uno de los grandes enemigos de Ra. Durante el tiempo que el dios solar Ra pasó en el mundo inferior, se manifestó de diversas maneras a fin de combatir al mal. Lo normal es que Ra esté representado como un gato sagrado, en el momento en que despedaza, armado con un cuchillo, a la serpiente Apofis. Así aparece en la tumba de Nakhtamón de la Dinastía XIX. Algunos días antes de que la serpiente esté lista para mudar su piel, sus ojos se vuelven blanquecinos, la piel se muestra en tonalidades apagadas, casi sin color el animal pierde el apetito, incluso puede volverse agresivo. La mayoría van en busca de agua pues, al mudar la piel, pierden gran cantidad de fluido, y corren el riesgo de deshidratarse. Muchos pueblos antiguos creían que la serpiente era un ser inmortal. La forma de representar la eternidad en el mundo antiguo es muy compleja y variada. El uróboros egipcio fue un poderoso símbolo, aceptado en todo el Mediterráneo, especialmente en el ambiente pitagórico y en las escuelas filosóficas helenísticas. El uróboros es una serpiente que se muerde la cola describiendo un círculo. No posee ni principio, ni fin. Simboliza lo infinito, el eterno retorno, la regeneración de la vida y el descenso del espíritu al mundo físico para su ulterior ascesis espiritual. La Edad Media reinterpretó al uróboros, en clave alquímica, pasando a significar la transformación que experimenta la materia cuando es manipulada por el hombre. Durante el período románico y gótico, entre los ss. Xl y XIV, el uróboros era representado como dos serpientes o dragones, que se muerden mutuamente la cola. Puede tener connotaciones eróticas si una serpiente está caracterizada como macho y la otra como hembra. Los egipcios se servían de la serpiente en todos sus símbolos. Formaba parte del tocado de Isis, y el círculo de que se valían estos pueblos para designar al Ser Supremo estaba siempre acompañado de una o dos serpientes. El cetro de Osiris tenía enroscado una serpiente. Cuando querían valerse de este animal para representar al Ser Supremo, lo representaban con alas y en forma de gavilán. En algunas solemnidades llevaban una serpiente encerrada en una caja. A veces las serpientes representaban a los mismos dioses y en particular a Serapis. Agis estaba representado igualmente con una cabeza de toro, un cuerpo de serpiente y la cola levantada. La serpiente, en general, designaba la tierra y el agua, y otras veces la boca, porque toda su fuerza la tiene en ella. Una serpiente con la cola escondida era el símbolo de la eternidad. Mordiéndose la cola y con el cuerpo cubierto de escamas designaba el mundo, que se rejuvenece todos los años en la primavera, y los astros, adorno del universo, La serpiente que tenía la figura del mundo y la cola en la boca era la imagen de un buen rey. La que vela era la de un rey vigilante y amante del bien público. Una serpiente con una gran casa era la pintura de un rey, que se suponía señor del mundo. En Egipto, además de Apopis, adversario de Re, son serpientes las diosas Wadjet (el uraeus real), Renenutet, diosa de las cosechas e Isis-Thermuthis, Agathós daímon, y Agaté Tyché, entre otros. No era menos venerada la serpiente entre los griegos y romanos, que entre los egipcios. Tributabase en Epidauro un culto particular a este reptil. Los atenienses conservaban siempre uno vivo, como protector de su ciudad. Atribuían a las serpientes una virtud profética y observaban religiosamente todos sus movimientos, que eran interpretados como señales de la voluntad de los dioses. Representaban algunas veces a los genios bajo la figura de una serpiente. Este animal, según Macrobio, era el símbolo ordinario del Sol. También lo era de la medicina y de los dioses que la presidían, como Apolo y Esculapio. La serpiente enroscada y formando un círculo, era el símbolo de la reflexión. Era también el atributo de la Salud, la Envidia, los Remordimientos, los Pesares, etc.. Los reptiles eran honrados por algunos pueblos como los dioses Penates. Ofrecíanles en sacrificio leche y huevos, y estaba prohibido bajo pena de muerte causarles el menor mal. El culto de las serpientes se hallaba en otro tiempo establecido en los pueblos de Lituania, Estonia, Livonia, Prusia, Curlandia y Samogitia. Los labradores de Livonia miraban a estos reptiles como dioses tutelares de sus rebaños y les presentaban leche a modo de ofrenda. En Grecia reciben forma de serpiente diversos dioses y seres mitológicos: Pitón, Tifón, Crecrops, Erictonio, Artemisa, Cibeles, Dioniso, Agatodaimon, Medusa, Aqueloo, Abisteo, Cadmo, Caduceo, Esaco, Euménides, Eurídice, Laocoonte, Latona, Medusa, Prudencia, Pito, Salud, Saturno, Tiresias. Se han conservado suficientes restos arqueológicos y documentales que indican que, para muchos helenos, entre el siglo VIII y el V a.C., el hombre, tras su muerte, se dirigía a un infierno con aspecto de mansión, gobernado por Hades y Perséfone, privado por completo de luz y rodeado de agua, lugar que aparece descrito por Homero en la Odisea. Los griegos percibían la vida en el Hades como una vida insensible, sin gozos y sin sufrimientos, sin ninguna clase de recuerdo, ni capacidad verbal para poder transmitirlos. Homero sitúa el reino de las "inanes almas de los difuntos" al otro lado del océano, según se navega hacia Occidente. Este infierno acuático está descrito en la Rapsodia V de la Odisea. Llegar a él era muy peligroso. Podría hacerse montado en un barco, tal como llega Ulises, siguiendo las indicaciones de la hechicera Circe. Dentro de la barca de Caronte, como lo hacen la mayoría de los difuntos. O, quizá, montado a lomos de espantosas serpientes marinas, como aparece representado en una escultura del primer clasicismo, actualmente en el Museo de Regio Calabria, en la que se representa a uno de los Dióscuros, sea Hipnos o Thanatos, en el momento en que llega a la mansión tenebrosa. Algunos difuntos se aparecen a los mortales con forma o aspecto de serpiente, como Anquises, padre de Eneas, quien, en el canto V de la Eneida, sale de su tumba para alimentarse con las ofrendas sacrificadas por su hijo, durante las honras fúnebres que le tributa. Con el tiempo, el antepasado familiar con aspecto de serpiente pasó a ser el "genius locii", espíritu protector de una casa, una familia o un individuo. Cadmo, hijo del rey fenicio Agenor y hermano de Europa, era considerado por los griegos un héroe civilizador. Siendo joven había matado a una terrible serpiente, criada por Ares, que tenía la cabeza cubierta de escamas amarillas y asolaba la tierra sembrando la muerte. Al plantar los dientes de la serpiente, como si fueran semillas, Cadmo dio origen a una raza de valerosos guerreros, los cinco linajes de la ciudad de Tebas. Dado que Cadmo era nieto de Posidón, los dioses le dieron por esposa a Harmonía, hija de Ares y Afrodita. La boda entre Cadmo y Harmonía simboliza el profundo amor que el hombre griego profesaba por el orden, la razón, el equilibrio y la belleza. Llegados a una cierta edad, ambos esposos fueron metamorfoseados en serpientes para habitar eternamente entre los dioses, en algún lugarde los Campos Elíseos. La asociac¡ón mental que convierte a la serpiente en un elemento iconográfico clave para la explicación del proceso de ascesis, desde un mundo inferior a una realidad superior, influyó mucho en los conceptos fundamentales de la filosofía platónica. La mordedura de la serpiente suele ser venenosa, en mayor o menor grado, extremadamente agresiva y siempre dolorosa. El veneno de un áspid provoca la muerte de la bella Eurídice en brazos de su amado Orfeo, el mismo día de su boda. )o(
Ver, Arar-t.

