ELISAVÉTOVKA

En el siglo V a.C. los comerciantes de Panticapea y Fanagoria llegaban en sus viajes comerciales hasta el delta del río Tanais. Allí, en la encrucijada de las tres grandes zonas etno-culturales (escita, sármata y meocia) y a unos 25 km del estuario de Don-Tanais, se hallaba Elisavétovka, el centro de mayor importancia en las relaciones de los griegos y los indígenas, capital de la Escitia suroriental. Desde el punto de vista arqueológico, el yacimiento de Elisavétovka tiene un interés particular para todos los especialistas que se dedican al problema de los contactos de los colonos griegos con distintas etnias bárbaras. En la actual ciencia rusa este oppidum indígena constituye el ejemplo más representativo de la coexistencia pacífica y colaboración comercial entre los escitas y los griegos jonios a lo largo de las épocas clásica y helenística. Durante los siglos V-lll a.C., en Elisavétovka existían consecutivamente dos asentamientos de los griegos bosforeños. El más antiguo, incorporado de una manera orgánica en la estructura protourbana escita como un barrio independiente, se hallaba en una de las crestas de la acrópolis del oppidum indígena y estaba cercado por su propia muralla. Por el momento se han excavado unos 1000 m2, gracias a lo cual se puede decir que el barrio griego tenía una calle formada por varias casas de planta rectangular y de distinto tamaño, de 30 a 100 m2. En su arquitectura y planificación imitaban la casa típica de Jonia Oriental, conocida, por ejemplo, en Sinope. Disponía de unas cuatro habitaciones con un par de estufas de calefacción, tenía grandes sótanos donde se almacenaba distinta mercancía y se abastecía de su propia agua potable a base de las cisternas que se excavaban en su patio. A comienzos del siglo III a.C. el barrio griego compartió totalmente el destino del oppidum indígena, siendo abandonado por sus habitantes sin dejar ninguna huella notable a los arqueólogos. Sin embargo, es sabido que en un corto plazo fue repoblado por un grupo de milesios bosforeños. Gracias a las excavaciones arqueológicas del último quinquenio, se puede decir que su núcleo principal fue construido según un programa bien pensado de antemano y destinado a continuar la actividad comercial tradicional de la época anterior. El espacio del asentamiento, que era de 12 Ha y equivalía al terreno de la Elisavétovka, contaba con unos barrios de casas agrupados en calles longitudinales, de 1,5 - 2,5 m de anchura, y en una transversal que era mucho más ancha, llegando hasta unos 6,5 m. Las casas centrales ocupaban unos 350 m2 de espacio, estaban cubiertas de tejas y tenían patio rectangular de unos 100 m2, con pozo de agua potable y altar para quemar perfumes en honor de la Diosa-Madre. La población del nuevo emporio era mixta desde el punto de vista etno-cultural, perteneciendo a los griegos del Bósforo Cimmerio y a los indígenas helenizados que, desde el siglo VII a.C., compartían con ellos el mismo espacio geopolítico. Esta gente supo aumentar de una manera considerable las rutas comerciales de sus metrópolis bosforeñas, explotando nuevos itinerarios: hacía Chersonesos de Táuride en el sudoeste y Phasis-Cólchide en el sudeste y cambiando el nudo principal de las rutas minorasiáticas por Sinope. El conjunto de estas características arqueológicas concretas permite suponer que el segundo centro comercial (emporio) bosforeño fue fundado pero bajo la égida de Fanagoria, y no por Panticapea, como en el caso de su antecesor. Desde este punto de vista, sus orígenes pueden ser comparados con los de Tanais, que heredó su potencial comercial después de ser destruída por los nómadas esteparios en el primer tercio del siglo III a.C.
 
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