Dafne

Valle cercano a Antioquía, en el que se encontraba un antiguo templo dedicado a Apolo y una fuente, Castalia, de aguas proféticas que, largo tiempo atrás, habían anunciado el poder de Adriano. El templo había sido cerrado bajo Constancio, como tantos otros, y el césar Galo había hecho construir en su recinto sagrado una pequeña capilla para guardar los restos sagrados del mártir local Bábilas. Cuando Juliano, que había encargado a su tío homónimo los trabajos de restauración, acudió a este famoso santuario se encontró con que el Senado no había preparado ninguna ofrenda para el sacrificio, porque en su mayoría eran cristianos, y, al intentar ponerse en comunicación con los dioses, se produjo un silencio total debido, según los augures, a la impía presencia en el recinto del cadáver de Bábilas. En consecuencia, el emperador mandó que sus restos fueran desenterrados y sacados del lugar, cosa que los antioquenos realizaron en una gran procesión no exenta de insultos al emperador. Poco después, la noche del 22 de octubre del 362, el templo se incendió misteriosamente y quedó totalmente destruido. Aunque no pudo demostrarse, Juliano estaba convencido de que era una venganza de los cristianos y, en represalia, ordenó cerrar la iglesia principal de Antioquía que Constancio había inaugurado recientemente.
 
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