Valle Murcia

o Vallis Murcia. La naturaleza había dibujado un lugar que se prestaba admirablemente a los desfiles, a las procesiones y a las carreras de caballos, que fueron las manifestaciones más antiguas de juegos romanos. Este valle, de pendientes suaves, se alargaba entre el Palatino y el Aventino, y fue ocupado casi enteramente por el Circus Maximus. Un arroyo discurría por su eje, lo que más tarde sería la spina. De una anchura de 150 m y una longitud de 600, el valle Murcia pasó muy rápidamente a ser lugar de reunión del pueblo entero los días de fiesta. Bastaron arreglos rudimentarios para trazar en él una pista e instalar a los espectadores en asientos de madera que se montaban o desmontaban según las necesidades. Después, poco a poco, fueron hechas diversas mejoras: se construyeron carceres, se rodeó la pista de un pequeño muro para separarla de la de los espectadores, se adornó la spina de estatuas y se elevó en sus extremos los bornes o los siete huevos móviles que indicaban por su posición el número de vueltas dadas por los tiros. Ver, Circo.
 
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