Juegos en la vida privada
Cuando no había espectáculos públicos, el romano pasaba sus ratos de ocio practicando diversos juegos, algunos de los cuales han sobrevivido hasta hoy casi sin modificaciones. Había una gran variedad. tanto infantiles como para adultos. Entre otros, cabe mencionar las tres en raya; la micatio (alzaban la mano con una serie de dedos levantados y tenían que acertar la suma total); el par/impar (se podía jugar con almendras. nueces. huesos pequeños o monedas); el latrunculi (combinación de dados y fichas con reglas similares a las damas); o el cara o cruz (caput o navia) (se lanza una moneda al aire). Pero los más apreciados entre los adultos eran los dados y las tabas. Además de para pasar el tiempo, se aprovechaban para realizar importantes apuestas (a las que eran muy dados los romanos), tanto de bienes como de dinero. No siempre se jugaba limpio. pues se han descubierto dados cargados. Estos juegos de azar acabaron por prohibirse en Roma. aunque se siguieron practicando en banquetes privados donde los ricos se jugaban cantidades astronómicas de dinero, propiedades. etc. Algunos llegaban a perderlo todo. En una sola noche. al propio Augusto le ganaron 20.000 sestercios y Nerón acostumbraba a apostar 400 sestercios en cada jugada. Los juegos de mesa se improvisaban en cualquier lugar y, cómo no, también en la calle. Así, solían grabar tableros (tabulae lusoriae) en el suelo de los edificios públicos. El ambiente de las timbas con apuestas apuestas debía ser muy animado, hasta el punto que en muchas ocasiones derivaba en riñas. También existían juegos de pelota en los que variaba el número de participantes y las reglas. En un principio se jugaba al aire libre, pero en época imperial comenzaron a celebrarse en lugares cerrados. Los esclavos lo hacían en la calle, mientras que los ricos tenían canchas particulares. Se llegaron a crear equipos de jugadores de pelota, haciéndose algunos de ellos profesionales. Los niños practicaban juegos como la gallinita ciega (muinda), el escondite, el aro, la peonza (turbo), los lapilli (guijarros lanzados al aire que había que recoger con habilidad), la pelota... Pero lo que más les gustaba eran los juegos de imitación, como hacer de gladiadores, de reyes y personajes de otro tiempo (ducatus et imperia ludere), y los juegos de los oficios, siendo el preferido el de construir cabañas (aedificare casas). Las niñas por su parte jugaban con muñecas, generalmente de trapo, que ofrecían a la diosa Venus antes de casarse (podían hacerlo a partir de los 12 años) como símbolo de su entrada a la edad adulta. Los niños podían casarse a partir de los 14 años, aunque no se les consideraba adultos hasta los 16, momento en que dejaban de vestir la toga praetexta para ponerse la virilis. Ver, Juegos.

