Neith
Divinidad de las aguas ente los galos, los cuales le consagraban todos los años animales, paños preciosos, frutos, oro y plata. La creían irascible y de una bondad muy equívoca, opinión que convenía muy bien a una deidad de tan pérfido elemento. En el lago de Ginebra había una roca que le estaba consagrada y que se llama aún Neitón. El sistema risueño y poético que puebla los mares, ríos y fuentes de divinidades protectoras, tiene un no se qué de seductor, que no ha podido ceder del todo ni al ascendiente del cristianismo. He visto, dice un escritor francés, en los habitantes de las orillas del Loire una especie de respeto filial, mezclado de temor y amor, proporcionado a los daños y a los beneficios de este bello y caprichoso río.

