Ofrendas
Las de los frutos de la tierra, de pan, de vino, de aceite y de sal, son las más antiguas que se han conocido. Numa Pompilio enseñó a los romanos a ofrecer a los dioses frutos, trigo, harina, o migas de pan con sal y también trigo tostado. Teofrasto observa que entre los griegos la harina mezclada con vino y aceite, que ellos llamaban Thilema formaba la materia de los sacrificios ordinarios de los pobres. La diferencia que había entre las ofrendas de harina, de vino y de sal con que acompañaban los griegos y latinos, sus sacrificios sangrientos de los que se servían los hebreos en sus templos, consistía en que estos últimos echaban sus oblaciones sobre las carnes de la víctima inmolada y puesta sobre el fuego; mientras que los griegos la ponían sobre la cabeza de la víctima poco antes de sacrificarla. Los parsis o guebros no podían comer la menor cosa de lo que hubiese tenido vida, sin que antes llevasen un pedazo en un pireo, a modo de ofrenda o más bien de expiación del crímen que podía haber cometido, quitando la vida a una criatura animada, para que les sirviese de alimento. En los días festivos acostumbraban a llevar sus comidas en las piras y compartirlas con los pobres.

