Moscas
Algunos antiguos honraban estos insectos. Los habitantes de Acarón ofrecían incienso al dios que las cazaba. Los griegos tenían también su dios cazamoscas; dicen que las moscas se retiran por sí mismas de las fiestas olímpicas, y pasan a la otra parte del Alfeo con las mujeres que permanecen en este lado. Añade que, en el templo de Apolo en Actium, cuando se acerca la fiesta, se inmola un buey o un toro a las moscas, las cuales vuelan sobre la víctima y cuando están saciadas de su sangre, se retiran, mientras que las de Pisa, retirándose por sí mismas, parecen manifestar la veneración que tienen hacia la divinidad. Había un templo en Roma, dice Plinio, donde nunca entraban las moscas; tal era el templo de Heracles vencedor. Haciendo Heracles un sacrificio a Zeus no pudo jamás apartar las moscas, y Teófilo Paracelso añade que el mismo Zeus no podía hacerlo con todo su poder. Las moscas volaban a montones en los sacrificios de Moloch, de Astaroth y de otros ídolos de los paganos, y los judíos tenían por un feliz agüero el que nunca se viesen estos insectos en el templo de Salomón. En las medallas de los beocios se veían también algunas moscas. Ver, Belcebuth, Miagoro, Aristeo Io.

