Opimus

Llamabánse así las armas consagradas a Júpiter Feretrio, y ganadas por el jefe o cualesquiera otro oficial del ejército romano, al general enemigo después de haberle matado con sus propias manos en batalla campal. Estos despojos se suspendían en los lugares más frecuentados de la casa y no era permitido arrancarlos cuando ésta se vendía, ni suspenderlos de nuevo, si por casualidad cayesen. Una ley de Numa, las dividía en tres clases: las primeras consagradas a Júpiter Feretrio, las segundas a Marte y las terceras a Quirino.
 
Volver