Oraciones
Formaban entre los antiguos una parte del culto sagrado. Los romanos hacían sus oraciones en pie, con la cabeza velada a fin de no distraerse, y para no ser turbados por una cara enemiga, como dice Virgilio, y para que el espíritu estuviese más recogido y atento a las oraciones. Un sacerdote, con un libro en la mano pronunciaba la oración con todos los asistentes a fin de hacerlo con uniformidad y sin desorden. Durante las oraciones se tocaba el altar como lo hacían los que prestaban algún juramento, de donde deriva el nombre de "arca" que se da al juramento. Los suplicantes abrazaban algunas veces las rodillas de los dioses, porque consideraban estas rodillas como el asiento de la misericordia. Después de las oraciones formaban todos juntos un círculo y daban una vuelta y jamás se sentaban sino después de haber concluido la oración, por miedo de faltar al respeto a los dioses, llevaban también su mano derecha a la boca, de donde deriva la palabra adoración. Finalmente volvían por lo regular la cara al Oriente para orar. Los griegos hacían también sus oraciones en pie o sentados; y empezaban siempre por bendiciones o por deseos. Cuando las hacían en los templos se purificaban antes con el agua lustral, que no era otra cosa que el agua común, en la cual se apagaba un tizón ardiente, sacado del fuego de los sacrificios. Se colocaba un vaso lleno de esta agua en las puertas o en el vestíbulo de los templos, y los que entraban se lavaban o se hacían lavar con ella por los sacerdotes. Homero ha personificado las oraciones. Ver, Lites.

