Mujer

Creación de la. He aquí la idea que nos da Simónide: "Al principio, creo Dios las almas de las mujeres en un estado separado del cuerpo y las formó de diferentes materias". "Formó las unas con los ingredientes que entran en la composición de un cerdo. Una mujer de estas, es sucia en su casa, y glotona en la mesa: fea en sus vestidos, y en su persona, y la casa que ocupa parece un muladar. Sacó una segunda especie de almas femeninas de los materiales que sirven para formar la zorra. Estas mujeres tienen espíritu y dicernimiento; conocen el bien y el mal y nada escapa a su penetración. En esta clase las hay virtuosas, y otras viciosas. La tercera especie salió de las partículas caninas, y las mujeres que las reciben son las que llamamos comúnmente regañonas, esto es, que imitan los animales de que han sido sacadas, los cuales ladran sin cesar a los que se les acercan. La cuarta fue tomada de la tierra. Esta anima las perezosas que viven en la ignorancia y en la inacción, que no abandonan el hogar en todo el invierno, y sólo caminan con ardor cuando van a la mesa. La quinta fue sacada del mar. Esta produjo humores desiguales, que pasan algunas veces desde la más terrible tempestad, a la más profunda calma, y del tiempo más sombrío al más bello sol del mundo. Un desconocido que viese una de estas mujeres de buen humor la tomaría por una maravilla de la naturaleza; pero si espera un momento, muda de repente sus miradas y sus palabras, y no respira más que rabia y furor: es entonces un verdadero huracán. La sexta está compuesta de los ingredientes que sirven para formar el asno o una bestia de carga. Estas mujeres son naturalmente en extremo perezosas; pero si sus maridos desplegan su autoridad, se contentan con vivir mezquinamente, y mueven todos los resortes para agradarles. El gato proporciona materiales para la séptima especie: éstas son de un natural melancólico, extravagante, pesaroso y siempre prontas a reñir con sus maridos. Además esta especie está sujeta a cometer pequeños hurtos y Picardies. El jumento con su crin flotante, que no había sufrido jamás el yugo, sirvió para la formación de la octava especie. Estas que tienen poco miramiento a sus maridos, pasan todo el tiempo en ajustarse, arreglarse el cabello y adornarse con flores. Una mujer de estas es muy agradable a los extraños, pero muy ruinosa para el posesor, a menos que éste sea un rey o un príncipe que se encalabrina con semejante pompa. La nona ha sido extraída del mono. Estas son feas y maliciosas. Como no tienen nada de hermoso, se ocupan en tachar y mancillar lo que parece tal en los otros. En fin, la décima y última especie, ha sido tomada de la abeja, y feliz el hombre que encuentra una de este origen. Ningún vicio la hace despreciable y su familia florece con su sabia economía. Ama y es amada por su marido. Cría a sus hijos hermosos y virtuosos, y se distingue de las demás de su sexo. Está rodeada de gracias. Jamás se acompaña con mujeres de vida desarreglada, y no pierde el tiempo en vanas hablillas. Está adornada de virtud y de prudencia. Esta es, en una palabra la mejor mujer que Júpiter puede dar al hombre". Los rabinos pretenden que Dios no quiso crearla desde el principio, porque previó que el hombre tendría que lamentarse bien pronto de ella. Esperó a que Adán se la pidiese, lo qué hizo este, luego que reparó que todos los animales se le presentaban de dos en dos. Dios tomó, pero en vano, todas las precauciones necesarias para que fuese buena. No quiso sacarla de la cabeza, temiendo que tuviese el esplritu y el alma cortejante; pero no por esto dejó de faltar la desgracia, y el profeta Isaías se lamentaba: "No ha mucho tiempo que las hijas de Israel iban con la cabeza levantada y el cuello desnudo. No quiso Dios sacarla de los ojos, para que no diese ojeadas (hiciese guiños): sin embargo, Isaías se lamentaba también de que las doncellas de su tiempo se habían entregado a la galantería. No quiso formarla de la boca para que no hablase demasiado; sin embargo no ha habido hasta el día poder capaz de refrenar su lengua, o poner un dique a las palabras que fluyen de su boca. No la sacó de la oreja para que no fuese inclinada a escuchar; sin embargo, dice que Sara escuchaba en la puerta del tabernáculo, a fin de saber el secreto de los ángeles. No la formó Dios del corazón, temiendo que no resultase celosa: no obstante, ¡cuántos celos y envidia despedazan el corazón de las mujeres y de las doncellas!. No quiso formarla de los pies ni de las manos a fin de que no fuese demasiado corredora, y no le asaltase la envidia de robar; sin embargo, Dina corrió y se perdió, y Raquel había robado los dioses de su padre; más breve; se vió obligado a escoger una parte honesta y dura del hombre, de la cual parecía no podía salir ningún defecto, y no obstante parece que la mujer los ha heredado todos. Ver, Gamaliel.
 
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