Catilina

Lucio Sergio (Lucius Sergius Catilina) (ca.109-62 a.C.). Pertenecía a una familia patricia de larga tradicion en la vida política romana aunque sin haber alcanzado especial relevancia. Su carrera política siguió las pautas normales en un ciudadano de su condición, pero se frenó irreversiblemente, como ocurría también a la mayoría de los senadores, ante la imposibilidad de ostentar el consulado, magistratura que era controlada por los miembros de la nobilitas, quienes proponían cada año a los destinatarios del cargo. Catilina fue una de las muchas "víctimas" políticas de este monopolio ejercido por la "oligarquía" republicana. Al comienzo de su carrera había entrado en contacto con Cneo Pompeyo Estrabón como tribuno militar en el 89 y participó activamente en las proscripciones silanas del 82, en las que mató a su cuñado Mario, Marco, a petición de Cátulo, Quinto. Fue cuestor en el 77. No fue elegido pretor hasta el 68, con unos 40 años de edad, desempeñando al año siguiente el gobierno de África, en el que obtuvo beneficios suficientes para sanear su situación financiera. Cuando quiso optar al consulado, fue acusado de exacción en su provincia y descalificado hasta que acabara su juicio. Catilina fue acusado por Clodio, Publio, que se confabuló para su absolución. Habiendo salido indemne, en el 66 decidió presentar su candidatura a las elecciones consulares para el año siguiente, en las que no tuvo éxito. Pero los nuevos cónsules vieron impugnados los resultados y, antes de tomar posesión del cargo, debieron ceder su puesto a L. Manlio Torcuato y L. Aurelio Cotta. Una "conspiración" urdida por Catilina, conocida como la 1ª Catilinaria, intentó poner fin a los abusos electorales. El instigador fue apoyado por Cneo Calpurnio Pisón, los dos "cónsules" desplazados y, probablemente, Craso y César, quienes en esta época rivalizaban ya con Pompeyo, embarcado en la gloriosa campaña de Oriente. El plan de los conjurados era eliminar a los "nuevos cónsules", pero fracasó sin que se tomaran represalias directas contra los implicados. Sin embargo, Pisón fue enviado a Hispania como cuestor, donde murió, y Catilina intentó de nuevo en vano obtener el consulado presentando su candidatura a las elecciones del año 64. En esta ocasión tuvo que competir con C. Antonio y M. Tulio Cicerón, quien a pesar de su procedencia "ecuestre" y su aparente adscripción a la causa de los "populares", gozaba con fuertes apoyos dentro y fuera del Senado. Cinco candidatos perdieron la elección, entre ellos Catilina, por lo que Antonio y Cicerón ostentarían el consulado del año 63 a.C.. La reacción de Catilina no se hizo esperar; lanzó una proclama de cancelación de deudas con el fin de ganar apoyos en diversas regiones de Italia, sobre todo en aquellas que, como el sur, habían apoyado la revuelta de Espartaco, o como Etruria, donde las represalias silanas habían sido más fuertes. Catilina había planeado asesinar a Cicerón en su propia casa en la mañana del 7 de noviembre del 63, pero los espías de Cicerón le habían mantenido informado y este frustró la conspiración. Catilina tenía un gran número de seguidores y era popular: era un patricio, partidario de Sila y un demagogo. Cicerón no habría podido actuar fácilmente contra él sin contar con pruebas. Pero la sagacidad de Cicerón en su célebre intervención en el Senado el 7 de noviembre no consistió sólo en denunciar los abusos de Catilina, sino también en demostrar la complicidad de algunos miembros de la nobilitas como P. Cornelio Lentulo Sura o C. Manlio. Como la sublevación se había extendido rápidamente, el 21 de octubre el Senado había optado por otorgar poderes extraordinarios a los cónsules para resolver el conflicto mediante un senatum consultum ultimum, procedimiento que se hizo más frecuente en estas últimas décadas republicanas. Poco después, algunos embajadores de los alobroges, a los que se habían aproximado los conspiradores en busca de ayuda, dieron a Cicerón la prueba por escrito de la conspiración, y este encarceló a los cabecillas que todavía permanecían en la ciudad. Aunque César intervino en contra de la pena de muerte para los encausados, el Senado, a instancias de Cicerón y de Catón, Marco Porcio, decidió el aprisionamiento y ejecución de los implicados. Cicerón ordenó que esos hombres, Léntulo Sura, Cetego y otros senadores, fueran estranguIados en la prisión. El 15 de noviembre Catilina era declarado hostis publicus. Desde este momento Cicerón se vinculó más a la causa política de la nobilitas senatorial que a la de los populares hasta el punto que el tribuno Q. Metelo Nepote hizo uso del veto contra él en su última intervención "consular" en el Senado. Finalmente, a comienzos del año 62 un ejército consular al mando de Antonio fue enviado a Etruria, acabando con Catilina y C. Manlio en Pistoia, último reducto de los "catilinarios". Petreyo dirigió el ejército de Antonio y mató a Catilina, que luchó valerosamente. La conspiración fracasó y había sido sofocada la rebelión, pero se derivaron importantes consecuencias políticas, de las que el propio Cicerón sería una de las primeras víctimas.
 
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