Platea
Batalla de. La victoria de Salamina produjo dos efectos esenciales: uno, recuperar la confianza griega en la posibilidad de vencer a los persas; otro, la rebelión de las ciudades griegas de Asia, particularmente de Jonia, contra una parte de la flota persa establecida en Samos. Aunque las fuerzas de la "Liga Helénica" se mantendrían unidas, la expedición de Mardonio no podría traspasar la región del Istmo, que había sido amurallada "de mar a mar" por un contingente aliado. En cambio Ática quedaría de nuevo abierta a la devastación del ejército persa. Por ello Mardonio antes de iniciar la expedición procuró una alianza con Atenas a través de Alejandro, el rey de Macedonia, cuyo fin era romper la cohesión de las fuerzas helénicas. Pero los atenienses rechazaron la propuesta y, al contrario, instaron a Esparta a defender Ática. La reticencia espartana obligó a una nueva evacuación de Atenas hacia Salamina, donde en adelante se reuniría el Consejo de los 500. Mardonio entonces llegó a Atenas, pero no saqueó ni incendió la ciudad. Poco después, la reacción de Atenas, Mégara y Platea exigiendo a la Liga una intervención contra los persas convenció a los espartanos de la oportunidad del ataque: un ejército de casi 100.000 hombres fue movilizado en esta ocasión, cuya dirección fue encomendada a Pausanias. La estrategia de Mardonio consistió en atrincherarse detrás del Monte Citero, en territorio beocio, a orillas del río Asopo, entre Platea, aliada, y Tebas propersa, esperando el ataque de los aliados en la llanura, donde la caballería persa se impondría fácilmente al ejército hoplítico. Por el contrario, los griegos procuraban que el combate no se hiciera en campo abierto sino en terreno montañoso para dificultar la movilidad de los enemigos. Por otra parte, Mardonio adoptó una estrategia defensiva dejando la iniciativa a los aliados griegos; éstos decidieron detenerse junto a Platea: en el ala derecha, los lacedemonios y sus aliados peloponesios; en el ala izquierda, atenienses y megarenses. Ante la decisión de un "consejo de guerra" presidido por Pausanias de retirarse a sus anteriores posiciones, Mardonio tomó la iniciativa destacando a un contingente de caballería al mando de Masistio, quien perdió su vida en el combate. El repliegue se inició con gran desconcierto, hasta el punto que los atenienses al mando de Arístides y un grupo de peloponesios dirigidos por Amonfareto no siguieron las órdenes de Pausanias. Mardonio aprovechó la ocasión para atacar al ejército dividido y en retirada, pero la reacción de Pausanias regresando a Platea se saldó con una abultada victoria griega (agosto-479), en la que el propio Mardonio fue hecho prisionero. Unos días después el ejército aliado conseguía la rendición de Tebas. Pausanias deshizo la Liga beocia y, en cambio, garantizó a Platea independencia política. Aunque los atenienses no tomaron parte en esta decisiva derrota persa, por tierra, casi de forma simultánea atendieron la petición de ayuda de los samios contra los persas. Una expedición naval partió de Delos, pero cuando alcanzó la costa oriental del Egeo, la rebelión de los jonios incluidos en el contingente persa asentado en Cabo Micale (norte de Mileto) había resuelto el conflicto de forma favorable a los griegos. Los jonios recuperaron su ansiada libertad y las "poleis" isleñas fueron incluidas en la "Liga Helénica" como aliados. Entonces la flota ateniense se dirigió al Helesponto con el fin de recuperar las rutas septentrionales de acceso a Grecia continental. La toma de Sestos en 478 cierra, por el momento, este período de luchas intermitentes con los persas e inicia la llamada "Pentecontecia".

