Meneceo
Nieto de Meneceo, el hijo de Óclaso. Más célebre que su abuelo, es hijo de Creón o Creonte. Cuando la expedición de los Siete Jefes contra Tebas, Tiresias predijo que esta ciudad no tendría garantizada la victoria si no se sacrificaba a Meneceo, hijo del rey. Creón quiso saber con qué fundamento pedían los dioses la sangre de sus hijos. El adivino le reveló que la causa era el dragón consagrado a Ares y muerto por Cadmo, pues el dios quería vengar su muerte con la sangre de uno de los príncipes nacidos de los dientes del dragón. Meneceo era el último de esta raza y no estaba casado; en una palabra, era la víctima que pedía Ares y era menester que su sangre tiñese la misma caverna del dragón. Creonte, puesto a elegir entre el amor paterno y el deber patriótico, aconsejó a su hijo que huyese, sin decirle el porqué. Pero Meneceo averiguó la razón que impulsaba a su padre a alejarlo y se ofreció espontáneamente para ser sacrificado. Ésta es, por lo menos, la versión "trágica", tal como aparece tratada en las Fenicias de Eurípides. Según otras tradiciones, Meneceo habría sido devorado por la Esfinge, o el propio Creonte lo habría sacrificado. Eteocles y Polinices dirimieron su duelo fatal junto a su tumba. Sobre ella brotó un granado, cuyos frutos tienen color de sangre.

