Retrato
Principal faceta escultórica en la que destaca la estatuaria romana. Se caracteriza por lo general por su acertado realismo frente al idealismo del retrato griego. La importancia que suponía para un romano el perpetuar su efigie y la de sus antepasados fue una de las principales causas del desarrollo y la importancia del retrato en Roma. Durante todo el arcaísmo, el arte griego no se preocupó gran cosa de reproducir los rasgos individuales caracterizados. La imagen, incluso acompañada de un nombre, es un símbolo y no un retrato. Así pasa en las estelas y en las estatuas funerarias incluso en la época clásica. Solamente en el curso del siglo V aparecen algunas efigies individualizadas, por otro lado poco numerosas. Harmodio y Aristogitón, en el grupo de los Tiranoctones de Critios en 477, son aún tipos: el hombre imberbe y el hombre maduro (por lo tanto barbudo). Poco después, el retrato de Temístocles, conservado en una copia de Ostia, y el de Pausanias, son, por el contrario, verdaderos retratos (ca.470-460 a.C.). La efigie póstuma de Milcíades, después la de Pericles, por Cresilas, enseñan que, a pesar de las tendencias idealistas del arte partenoniano, el interés por el parecido individual no desaparece en la época de Fidias. Después la multiplicación de las estatuas honoríficas levantadas en vida a los grandes hombres y la evolución de las ideas, favorable a la expansión del individuo, permitirán el rápido desarrollo del retrato.

