Tibulo

Albio (Albius Tibullus) (ca.54-19/18 a.C.). Poeta elegíaco de considerable originalidad. De rango ecuestre, Tibulo procedía de Pedum, entre Tíbur y Praeneste, donde su familia poseía propiedades que sufrieron las confiscaciones de tierras llevadas a cabo en el 42 a.C. por Octavio. Tibulo era uno de los protegidos del gran mecenas literario Valerio Mesala, junto con Ovidio (que a su muerte le escribió una elegía) y Ligdamo, y fue amigo de Horacio, que le dedicó una oda y una epístola, mostrando en ambas afecto comprensivo y crítica irónica. En el 30, Tibulo se embarcó con el séquito de Mesala rumbo a Siria, pero dio por terminado su viaje en Corcira (Corfú) al caer enfermo, teniendo que regresar a casa. Puede que en el 28 acompañara a Mesala con objeto de algún cometido militar, mientras este era gobernador de Aquitania. Después de ello, Tibulo abandonó cualquier pretensión de carrera pública y se retiró al campo. Su carácter apacible y dado a los placeres, así como su escasa salud, le hacían poco a propósito para el ejercicio de las armas. En su poesía, Tibulo concede mucha importancia a su vida rústica. Se le atribuyen tres libros de poemas, pero el último contiene poemas compuestos por otros miembros del círculo de Mesala, Lígdamo y Sulpicia. No se sabe con certeza si algún poema de este libro pertenece a Tibulo, aunque puede que escribiera un grupo de elegías sobre el amor de Sulpicia por Cerinto y la penúltima elegía. En su primer libro, publicado ca. 26, Tibulo escribe sobre su amor por Delia (un seudónimo, su nombre real era Plania), con quien anhela compartir un idilio rústico, y también sobre su amor por un muchacho, Marato. El segundo, publicado quizá póstumamente, contiene una elegante descripción de un festival campestre, poemas para Mesala y para una amante a la que llama Némesis. Tibulo era considerado por algunos de sus contemporáneos como el mejor elegíaco romano y su obra se caracteriza por su lenguaje sencillo, su fluidez y su elegancia natural. A diferencia de su contemporáneo Propercio, Tibulo apenas se sirve de la mitología en sus poemas, pero considera el amor como una suerte de servicio militar, y al amante, como a un esclavo de su amada. Sus admiradores vieron probablemente su obra como la respuesta romana al desafío de la poesía griega, y Tibulo muestra la influencia de la poesía helenística y de los modelos griegos anteriores. El gusto moderno, sin embargo, prefiere el reto intelectual de Propercio y el esplendor y talento de Ovidio. Su atractivo para los romanos de su época reside en la respuesta que Tibulo da a un problema que sentían profundamente, el conflicto entre la llamada del deber público y sus ataduras ancestrales con la tierra. Su obra parece ofrecer la esperanza de que, una vez finalizadas las guerras civiles, los romanos podrían volver a sus raíces rurales.
 
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