Aker

Dios ctónico que puede ser tanto beneficioso como negativo. En su forma más primitiva es una lengüeta de tierra a la que poco a poco se van incorporando: primero una cabeza humana, que más tarde se duplica y aún después se transmuta en dos de león (en el Imperio Nuevo). Ambas cabezas se dan la espalda, mirando una al este y la otra al oeste. Es el guardián de la Primera puerta del Mundo Subterráneo, y bajo su aspecto de dos leones yuxtapuestos, simboliza la entrada y la salida del mundo del Más Allá (este y oeste), el ayer y el mañana. Presente ya en los Textos de las Pirámides de la Dinastía V, Aker es por tanto, el encargado de abrir las puertas de la tierra para que el soberano y el sol pasen a la Duat (el Más Allá), llevando la barca del sol, a la que protege, desde el amanecer hasta el anochecer. En su recorrido, deberá defender al dios solar y a su barca de los peligros que la acosan, en especial de la serpiente Apofis. De este modo, cumpliendo las mismas funciones que el dios Geb, acoge a los difuntos y es mencionado frecuentemente en su compañía. Divinidad estática y pasiva, simboliza la corteza terrestre de la tierra, mientras que su homónimo Geb representa toda la tierra fértil. Es el custodio del horizonte y lleva el título de "Guardián de los Secretos que están en la Duat". En otro aspecto, tiene la facultad de neutralizar el veneno de cualquiera que haya sido picado por una serpiente o por una mosca maligna. Devoraba cuanto se presentaba en la entrada del Occidente. En los textos funerarios se le compara a Shu y Tefnut y se le asimila al dios Ruti de Leontópolis. Tuvo un tratado mitológico propio, llamado "El libro de Aker", libro funerario real datado en la Dinastía XX, donde se describía el recorrido del sol a través de su cuerpo. Aparece en los llamados "Cuchillos Mágicos" en el Imperio Medio, como protector de los niños y la familia. Esta divinidad, de posible origen heliopolitano, carece de centros de culto y de santuarios, pero puede encontrarse representado en escenas cósmicas, sobre todo en los muros de las tumbas tebanas y en especial en la de Ramsés VI (KV 9) o en la de Pedamenopet de la Dinastía XXVI en Assasif.
 
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