Finanzas romanas

En tiempo de la República romana el Senado era el responsable de la gestión de las finanzas, y en particular los censores, que controlaban la composición de las clases censatarias, la venta o arriendo de la tierra pública y la disposición de contratos, entre los que figuraban el arriendo de la recaudación de tasas provinciales a sociedades de individuos de clase ecuestre. La administración financiera era tarea de los cuestores, y los ediles se responsabilizaban del cobro de multas. Los fondos se depositaban en el tesoro del Estado, el Aerarium Saturni, mientras que se conservaba un fondo de reserva en el Aerarium sanctius. Durante el Imperio el emperador acaparó muchas de las funciones de los censores y en algunas ocasiones desempeñó esa función (Domiciano lo hizo de forma vitalicia). El tesoro del Estado siguió funcionando y los cuestores siguieron actuando en Roma y en las pocas provincias bajo control del Senado. Sin embargo, el Aerarium, reunido por Claudio en un solo tesoro, vio disminuida su importancia relativa ante el nuevo tesoro imperial, el Fiscus, establecido a partir de los ingresos procedentes de las provincias imperiales, cuyos asuntos estaban administrados por los agentes financieros del emperador (procuradores), que rápidamente se convirtieron en funcionarios públicos. Además, Augusto estableció un tesoro privado, el Patrimonium Caesaris, que recibió los ingresos procedentes de sus propias posesiones, incluido Egipto, así como de las herencias y las propiedades confiscadas, y también el Aerarium militare, para proporcionar pensiones para los soldados jubilados. En tiempo de Claudio el procurator patrimonii estuvo en manos de Palas, que tuvo la posición de a rationibus, secretario principal a cargo de las finanzas imperiales. Por debajo del procurator patrimonii estaban los procuradores imperiales de todas las provincias, incluidas las senatorias. Además, el propio Claudio nombró a los funcionarios encargados de la administración del Aerarium y hacia el final del siglo II, había desaparecido por completo la distinción entre Fiscus y Aerarium. La confusión entre lo que habían llegado a ser los dos tesoros principales, el Fiscus y el Patrimonium, llevó a Septimio Severo a establecer un nuevo tesoro privado, la Res Privata, que eclipsó al Patrimonium con rapidez. Ver, Banca, Burocracia romana, Consistorium, Impuestos romanos.
 
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