Gerunda

Asentamiento prehispano de los ausetanos, contemporáneo de las primeras colonias griegas de la costa, situado en el noreste de Hispania. Su etimología no se ha aclarado todavía, quizá podría ser, "entre el Undarios", nombre que, en lengua ibera, recibía el río Oñar. Los primeros pobladores fueron iberos de la tribu de los indigetes, establecidos en los poblados que rodean y cierran el pla de Gerona, como el del desfiladero de san Julián de Ramis, que era el más importante. Debido a las necesidades militares del momento, los ocupantes romanos fundaron la originaria Gerona, denominada, en aquellos momentos Gerunda. La nueva ciudad se repobló con los habitantes del poblado de san Julián de Ramis que, al parecer, fueron obligados a trasladarse al oppidum gerundense. Durante las Guerras Sertorianas, (82-72 a.C.), hacia el 77 a.C. Pompeyo construyó un oppidum sobre la Vía Heraclea (futura vía Augusta), para defenderla y luchar contra el sedicioso Sertorio, de la facción de los "populares", que se había levantado en armas en la Hispana romana contra Sila de la facción de los "optimates" que controlaba el poder en Roma. Con ello Gerunda se erigió como baluarte defensivo de la entrada de la Vía Augusta en Hispania convirtiéndose en un importante centro de la región, con la articulación de un ager romano que rodeaba la urbe. Estas dos unidades formaban la ciudad de Gerunda, pieza esencial y básica de la organización territorial romana. Pese a que Gerunda se encontraba en el interior, alejada de la costa, disponía de una buena conexión con el puerto de Ampurias, primer bastión romano en el nordeste peninsular, colonizado durante la segunda guerra púnica al lado del asentamiento griego que ya existía. La estructura de la ciudad de Gerunda era atípica. No seguía las distribuciones hipodámicas estándar, ni las centurizaciones habituales de las urbes romanas. Puesto que se levantaba sobre la Vía Augusta por motivos estrictamente militares, su construcción era totalmente irregular. Pese a todo se pueden distinguir las partes básicas de la ciudad romana: el cardo maximus y el forum. No se ha podido documentar la existencia de ningún decumanus maximus. El cardo maximus estaba situado sobre el trazado de la Vía Augusta, en el tramo interior de la ciudad llamado, en la actualidad, calle de la Forja. El "forum" estaba ubicado en la actual plaza de la Catedral. Probablemente el templo de la ciudad se construyera en el lugar que ocupa hoy la iglesia catedral de santa María de Gerona. La distribución de la ciudad sobre aterrazamientos paleofluviales dificultaba el desplazamiento por el centro, por lo que se tuvieron que transformar todos los decumani (calles alineadas de este a oeste) con escaleras. La mayoría de ellas, con las reformas y modificaciones hechas a lo largo de los años, todavía se conservan. El otro elemento importante de la ciudad era la muralla. Ésta se construyó en dos fases: la primera se edificó al fundar la ciudad, y la segunda a finales del siglo III. Las diferencias morfológicas permiten identificarlas fácilmente dada la utilización de piedras de composición y formas diferentes. La segunda fase se construyó con motivo de las necesidades defensivas que las incursiones germánicas llevadas a cabo en Hispania provocaban. Las murallas no se utilizaban únicamente para fines militares; servían, también, para definir los límites del "urbs" y separarla del ager (campo). La estructura política de la ciudad seguía los parámetros estándar de toda ciudad romana. Se ha de tener en cuenta que, Gerunda, era una ciudad de una provincia pequeña y lejana, irrisoria para Roma. La ciudad se regía, probablemente, según el derecho latino que no era exactamente el mismo que el derecho romano. En la práctica, los ciudadanos libres de las ciudades que se regían por el derecho latino disponían de una ciudadanía más restringida que los habitantes que se regían por el derecho romano. El sistema para obtener una ciudadanía plena era el cursus honorum, la carrera política o pública. Debido a esto, las magistraturas romanas eran muy codiciadas por los ciudadanos ambiciosos, pese a que estas constituyeran unos cargos muy caros ya que, como todos los gastos pitblicos que eran competencia de una magistratura, eran asumidos por los fondos privados del magistrado de turno. Gerunda, en tanto que ciudad romana, disponía de las instituciones habituates, como el ordo decurionum (el senado municipal con poder legislativo), el duunvirato (dos magistrados colegiados con poder ejecutivo, de elección anual), y del edilidad (dos magistrados subordinados encargados de los servicios públicos de la ciudad). Estaban, también, los cargos religiosos que, en el fondo, eran cargos políticos. El centro de la política municipal era el ordo decurionum. Otra parte de la ciudad de Gerunda lo componía el ager (agronomia). Era el ámbito de la producción agrícola y manufacturera en el que se concentraban los vilae, es decir, los centros agrícola-ganaderos con los que se abastecía a la ciudad; la mayoría de las veces eran propiedad de los hacendados que vivían en la ciudad y delegaban la administración de las mismas a sus subordinados (villicus). Se cultivaban cereales, olivos y viñas; la ganadería la componían el ovino, vacuno y caprino, y existían, además, unas cuantas fábricas de cerámica. El primer comunicado cristiano de Gerunda, aparece documentado hacia el 304- 305. Durante las persecuciones de Diocleciano, en las que se cree que murió martirizado en la ciudad uno de los difusores de la religión en la zona, que había llegado a través de las rutas comerciales marítimas: san Félix de Sicilia (Mauritania). San Félix se convirtió en el primero y único mártir de la ciudad y santo primigenio hasta que fue desplazado por el apócrifo san Narciso, de tradición importada en la época alta medieval. Los restos encontrados en el actual barrio de san Félix, posiblemente el sarcófago del santo (siglo IV) hacen pensar que, probablemente, en ese lugar se construyó un martyrium (tumba de un santo) y evidencian la existencia de una comunidad cristiana muy arraigada y poderosa; los mármoles del sarcófago son de gran calidad y tallados en Roma por las mejores escuelas de relieve, dan fe de ello. Cabe suponer, tambien, que en 404 ya hubo un obispo de Gerunda ya que, en la documentaciOn encontrada, se habla de un obispo de Gerunda que fue reprobado por el I Concilio de Toledo. Asimismo están documentadas la existencia de un palacio episcopal y una basílica, pese a que no se haya podido encontrar su emplazamiento. Gerona no escapó a los acontecimientos: se involucró en las reformas de Diocleciano, sufrió las incursions germánicas de los siglos IV y V y vio como el poder romano se desmoronaba en el territorio y se instalaba un nuevo poder que, en algunas de sus características, seguía una política de continuidad. El único poder que no se vio afectado por todos estos cambios fue el de la Iglesia, que perduró y se expandió durante aquellos años (siglos IV y VI). Gerona continuó existiendo, y conservó el obispado unido a la sede metropolitana de Tarragona. Los cambios fueron más notorios en el campo, se observaron algunos movimientos bruscos de población que, en algunos casos, podían ser considerados como regresiones en relación al período romano. El cambio más notable lo constituyó la construcción de un castillo en pleno siglo III ubicado sobre las antiguas ruinas del poblado ibero de Sant Juliá de Ramis, que se edificó para proteger el Pla de Gerona y la ciudad de los numerosos ataques a los que se vio expuesto el territorio tras la descomposición política y militar del Imperio romano. A principios del siglo V, la fragmentación del Imperio romano de Occidente era ya un hecho. La provincia Tarraconense pasó a la oligarquía militar visigótica establecida en la Galia desde finales del último tercio del siglo. Esta oligarquía, muy romanizada, articuló el nuevo poder que ellos representaban con el poder preexistente de la nobleza autóctona. En consecuencia, la ciudad de Gerona, entró en la órbita visigótica. Esta sustitución del poder político y militar no afectó la existencia de la ciudad tanto como afectó a otras antiguas ciudades romanas que quedaron abandonadas o en franca decadencia. Hoy, Girona, provincia de Girona, comunidad autónoma de Cataluña, España.
 
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