Domus Liviae

o Casa de Livia. Augusto, que trataba de aparentar la simplicidad en todas sus acciones, no quiso habitar en ningún palacio. Su casa era la de un ciudadano. Pero a partir de Tiberio se vio que era necesario dotar al príncipe de una morada más grande. Los servicios que dependían directamente de la casa imperial se hacían más y más numerosos y complejos; la ficción que trataba de hacer del emperador el primer ciudadano de Roma, no podía ser ya mantenida. Así, pues, Tiberio construyó en el Palatino, no lejos de la vieja casa de Augusto (que es acaso la que las excavaciones han descubierto hace un siglo y se conoce con el nombre de Casa de Livia), un palacio más adaptado a las necesidades reales. De este palacio, todavía sepultado bajo los jardines de la villa Farnesia, no se conoce prácticamente nada. Solamente sabemos que ocupaba la cumbre noroeste del Palatino y dominaba por consiguiente el foro romano. Calígula, sucesor de Tiberio, agrandó el palacio hacia el noroeste y llevó su entrada hasta el templo de Cástor, que formó así como el vestíbulo de la residencia imperial. Ver, Domus Augusti.
 
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