Segunda guerra púnica
(218-201 a.C.). Tras el casus belli de Sagunto, Roma, en la primavera del 218, declaró la guerra a Cartago. Más allá de las responsabilidades en su desencadenamiento, romanas o púnicas, era el lógico desenlace a una situación cada vez más tensa entre las dos potencias, como consecuencia de sus mutuos intereses mediterráneos, que volvían a colisionar entre sí. Aníbal tomó la iniciativa llevando la guerra a Italia, ya que en el mar los romanos contaban con una clara ventaja. Con esta acción contaba con que la presencia de un ejército cartaginés induciría a muchos aliados romanos a abandonar la confederación. A finales del verano de 218, Aníbal emprendió la marcha desde Hispania con un ejército de 30.000 hombres. A la llanura del Po, acudió con un ejército el cónsul Publio Cornelio Escipión, que, en el río Tesino llevó la peor parte. Éste, herido, esperó a su colega Sempronio Longo. El choque de las fuerzas de ambos cónsules con el ejército de Aníbal, tuvo lugar en diciembre a orillas del río Trebia. Sólo una cuarta parte de los 40.000 legionarios romanos pudo escapar y refugiarse en Placentia. Cneo Cornelio Escipión embarco hacia Hispania, base principal de los recursos materiales y humanos del ejército púnico. Para contrarrestar el peligro más inmediato, los nuevos cónsules del 217, Cneo Servilio y Cayo Flaminio, decidieron impedir el acceso de Aníbal a la Italia central. Mientras Flaminio, el viejo héroe la guerra contra los galos, cubría el camino de la costa tirrena, su colega vigilaba la vía del Adriático. Aníbal eligió un tercera ruta de acceso, apenas practicable, a través de los pasos centrales del Apenino, y alcanzó así el río Arno. Aníbal atrajo a Flaminio a una trampa, a orillas del lago Trasimeno; unos 25.000 romanos fueron exterminados y el cónsul murió en combate. Esta derrota empujó al Senado a adoptar medidas extremas con el nombramiento de un dictador, en la persona de Quinto Fabio Máximo. Fabio, consciente de la inferioridad romana en la batalla frontal, puso en marcha a estrategia de seguimiento, tras los talones del adversario, en espera de que el invasor, ligado a vivir en terreno hostil, fuera consumiéndose sin darle jamás la posibilidad de una victoria, siempre vigilado y acosado hasta que llegase el momento favorable de aniquilarlo. De ahí el apelativo de cunctator, "contemporizador", con el que Fabio fue designado. Pero, concluidos los seis meses de dictadura, en el 246, los nuevos cónsules, Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo. presionados por una opinión pública exasperada por esta guerra de nervios, intentaron una vez más el encuentro directo con Aníbal en Cannas, a orillas del Ofanto: el ejército romano fue nuevamente derrotado; en la carniceria que siguió perecieron 70.000 romanos, entre ellos, el propio cónsul Emilio Paulo. Aníbal comenzó a ver materializados sus propósitos estratégicos de separar a un número considerable de itálicos de la alianza romana. En Roma, la atención de la dirección política, férreamente en manos de la olígarquía senatorial. se concentró en las medidas militares. La guerra estaba complicándose con la extensión del conflicto a otros frentes. En la península Ibérica, los hermanos Escipión, desde la base de operaciones de Tarraco, habían logrado pasar el Ebro y mantenían inmovilizado a Asdrúbal, el hermano de Aníbal, impidiéndole el envío de refuerzos a Italia. En contrapartida, Aníbal lograba, en el 215, la alianza del rey Filipo V de Macedonia y, poco después, la del estado siciliano de Siracusa, donde la muerte de Hierón, el viejo monarca aliado de Roma, había abierto las puertas det poder a elementos procartagineses. Filipo se apoderó de las posesiones romanas en Iliria; Roma, por su parte, estipuló un acuerdo con la liga etolia, vieja enemiga de Filipo, y envió tropas a Grecia (Primera guerra macedonia) que mantuvieron al rey macedonio atado a suelo griego. En Italia. la dirección de la guerra contra Aníbal fue asumida. en el 215, por los cónsules Fabio Máximo y Marco Claudio Marcelo, con el empleo de crecientes fuerzas, que, en el 211, alcanzaron la cifra de veinticinco legiones. Las operaciones decisivas se desarrollaron en la región de Campania y su punto culminante fue el asedio de Capua, en el 212. A pesar de los desesperados esfuerzos de Aníbal por acudir en socorro de la ciudad, Capua cayó al año siguiente, y el general púnico hubo de abandonar Campania para retirarse hacia el sur, donde un buen número de ciudades italiotas, como Tarento, le abrieron las puertas. Poco antes, Marcelo, tras dos años de asedio, lograba entrar en Siracusa y volvía a someter la isla a control romano. A partir del año 210. Aníbal hubo de contentarse con mantener una guerra de supervivencia, aislado en el Brucio y privado de libertad de movimientos, a la espera de refuerzos procedentes de la península Ibérica. Un giro decisivo en la guerra se verificó el año 210, con la aparición en escena de Publio Cornelio Escipión, el hijo del cónsul vencido en el Tesino, que obtuvo, a pesar de contar sólo con veinticuatro años de edad, el mando de las legiones de Hispania. En la península Ibérica, las operaciones militares habían tenido un trágico fin con la derrota y muerte de los hermanos Escipión en el 211. El joven Escipión, reagrupando las fuerzas, consiguió la conquista de la principal base púnica, Carthago Nova, que cayó en sus manos en 209. Avanzó por el valle del Guadalquivir, desde la cabecera del río hasta la costa atlántica meridional, después de dos decisivas batallas en Baecula (Bailén) e Ilipa (Alcalá del Río). En el año 206, con la entrega de Gades (Cádiz), se completaba la expulsión de los cartagineses de territorio hispano, pero el joven comandante no pudo impedir que Asdrúbal, burlando la vigilancia romana, atravesara los Pirineos para acudir con un ejército en ayuda de su hermano. Asdrúbal atravesó el valle del Po y se dirigió hacia el sur para unirse a Aníbal, pero no logró su objetivo. La táctica conjunta de los cónsules Claudio Nerón y Livio Salinator consiguió frenarlo en el valle del Metauro, y el ejército púnico fue destruido. Con ello, se desvanecían para Aníbal las últimas esperanzas de poder revitalizar la guerra en Italia. En el frente oriental, Roma se había visto obligada a evacuar de Grecia sus tropas, razón por la que los etolios se vieron forzados, en 216, a firmar una paz por separado con Filipo. Roma, a punto de conducir el esfuerzo final contra Aníbal, llegó a un acuerdo de compromiso con Macedonia (Paz de Fénice, 205). Escipión obtuvo el consulado en 205. En la primavera del 204, desembarcó en África. Ante el inminente peligro, Cartago reclamó a Aníbal de Italia. El encuentro decisivo tuvo lugar en Naraggara, cerca de Zama, en 202, y acabó con la derrota de Aníbal. Fue el propio Aníbal quien aconsejó al Senado cartaginés aceptar las condiciones de paz, que concluyó en la primavera del 201. Ver, Filipo V, Zama.

