Gemas
En arqueología, es el nombre que reciben las piedras finas talladas en la antigüedad, utilizadas para una gran variedad de objetivos. Se llevaban como adornos, ya que ha sido un deseo constante del hombre el de adornarse con objetos brillantes y vistosos; de ahí el buscar piedras duras y brillantes para fabricar con ellas objetos de adorno. Se usaban también como sellos personales en lugar de firmas y se les atribuían ciertas propiedades mágicas y medicinales. El arte se vio estimulado en el siglo VII a.C. mediante la introducción de piedras más duras procedentes del este, especialmente cornalina, calcedonia y jaspe, y el redescubrimiento de la rueda cortadora, que no se había utilizado en Grecia desde la Edad del Bronce. En el siglo VI la forma del escarabajo (escarabeos en lenguaje arqueológico) se introdujo desde Egipto y alcanzó popularidad en todo el mundo Mediterráneo. En Grecia pronto aparecieron estilos locales y surgieron artistas en los siglos V y IV, destacando Dexamenos, que firmó cierto número de trabajos y alcanzo una maestría de este arte sin parangón. Los grabadores helenísticos ampliaron el tipo de materiales utilizados con ágata, amatista, berilo, granate, cristal de roca, sardónice, y realizaron finos retratos. También experimentaron con formas nuevas e hicieron los primeros camafeos en relieve, normalmente con sardónice, los mejores de los cuales estaban destinados a la Roma imperial. Las gemas grabadas mantuvieron su popularidad en Roma, sus artistas normalmente reproducían los trabajos de sus predecesores griegos, perdidos desde entonces, entre los que se incluían versiones en miniatura de obras de arte de gran tamaño.

