Elí
Profeta y sacerdote de Silo y ejemplo paradigmático del hombre venerable que tiene una progenie de malvados. Sus corruptos hijos Jofní y Pinjás, que también eran sacerdotes, no sólo se apropiaban de las ofrendas que se presentaban al templo en una proporción mayor de la que les correspondía, sino que, además, tenían trato con prostitutas. Por ello, Dios maldijo a la casa de Elí y condenó a sus descendientes a morir en plena juventud. Un sirviente del propio Elí, el niño Samuel, fue el elegido por Dios para reemplazarle. Dios llamó a Samuel durante la noche. En un primer momento, Samuel pensó que era Elí quien le llamaba y no se percató de lo que en realidad ocurría hasta que la llamada se repitió dos veces. Elí, sin embargo, se dio cuenta de que era una llamada de Dios y convenció a Samuel de que le contara lo que Dios le había comunicado, a saber, que Elí y su casa serían destruidos y que Samuel se convertiría en el sacerdote de Silo. Todo ello se cumplió cuando los filisteos derrotaron a los israelitas en una serie de batallas y se apoderaron del arca de la alianza, que en aquel entonces se conservaba en Silo. Jofni y Pinjás murieron en combate, y Elí, que para entonces contaba 98 años y estaba ciego, al tener noticia de estos desastres, cayó desde su asiento hacia atrás y se desnucó, "pues era anciano y estaba torpe". El arca de la alianza era una caja de madera, ricamente ornamentada y fabricada siguiendo las instrucciones divinas, cuyo destino era guardar las tablas de piedra que contenían las leyes y los Diez Mandamientos que el propio Dios había escrito en el monte Sinaí y entregado a Moisés. Media aproximadamente entre metro y metro y medio de largo, por 0,9 de ancho y otros 0,9 de alto. Estas medidas de prescripción divina se repetían en el Templo de Salomón y, a lo largo del tiempo, no han faltado los arquitectos que las han tenido por un paradigma inviolable de belleza. Los filisteos llevaron el arca al templo de su dios Dagón en Asdod, pero, una vez allí, la estatua del dios se desplomó y se rompió. Los aldodeos, que además se habían visto aquejados por unos tumores, enviaron el arca a Gat, donde sus ciudadanos, al sufrir idéntico mal, decidieron enviarla a su vez a Ecrón. Finalmente, los sacerdotes filisteos aconsejaron que se les devolviera cuanto antes a los israelitas, montada en una carreta nueva y acompañada de unas ofrendas e imágenes adecuadas, consejo que fue seguido al pie de la letra. Durante 20 años, el arca permaneció en la casa de Abinadab en Quiryat Yearim, hasta que fue llevada por David a Jerusalén, tras hacer de esta ciudad la capital de su reino.

