Eurípides
(ca.484-406 a.C.). Trágico griego. Nació en Flía, una pequeña aldea ubicada en el corazón del Ática, y falleció en Pella (Macedonia) en 406. Hijo del terrateniente Mnesarco o Mnesárquides (ambas formas son en griego un doblete del mismo nombre) que se dedicaba al oficio de mercader, y de Clito, a quien los comediógrafos de la época tacharon de verdulera, aunque parece era de alto linaje. Provenía de una familia rica de sacerdotes hereditarios de Apolo Zosterio. Tenía propiedades en Salamina, adonde a veces se iba a escribir en una cueva. En su juventud fue un excelente atleta y consiguió premios en Atenas y Eleusis. También era hábil pintor y poseía un fuerte sentido de la percepción visual. Era muy cultivado: tenía una vasta biblioteca y conocía a los principales filósofos de su época, como Protágoras, que leyó en público por primera vez, en casa de Eurípides, una obra suya agnóstica en relación con los dioses, Anaxágoras, Pródicos, Sócrates y otros. Es de esta forma como el pensamiento popular lo asoció con los sofistas. A petición de los arcontes, escribió un epitafio en honor de los hombres muertos en la expedición de Sicilia. Sin embargo, no estaba involucrado en política, y las referencias a él en las comedias, sobre todo en las de Aristófanes, sugieren que conservaba una cierta notoriedad a causa de sus puntos de vista poco convencionales. Se casó con Melite, hija de Mnesíloco. Comenzó su carrera como autor dramático en las Grandes Dionisias de Atenas del año 455, consiguiendo el tercer premio con tres obras, entre las que figuraba Las Pléyades. Tuvo poco éxito con los jurados atenienses de teatro, y consiguió solo cuatro primeros premios en toda su carrera. Los puntos de vista que subyacían a sus obras eran demasiado avanzados para muchos de sus contemporáneos y ponían en tela de juicio la piedad tradicional y los valores familiares. Sin embargo, después de su muerte, su popularidad aumentó, y sus obras fueron preferidas a las de sus predecesores Esquilo y Sófocles. Ha sido retratado, probablemente desde un punto de vista falso, como racionalista y misógino. De hecho, las mujeres lo fascinaban, como se deduce de las imágenes que da de ellas en varias de sus obras. Estaba profundamente interesado en el lado irracional de la mente humana: así lo atestigua el tema de Las Bacantes. Hasta el año 441 no consiguió un primer premio, y no sabemos con que obra. La Suda establece que compitió veintidós veces en las Grandes Dionisias, lo que implica una producción de sesenta y seis tragedias; también dice la Suda que compuso noventa y dos obras en total. Entre ellas, unas pocas no fueron representadas originariamente en Atenas, sino que vieron su estreno en Macedonia. Conocemos en total ochenta títulos, pero solo sobreviven diecinueve de sus obras, incluyendo el temprano Reso y la sátira cómica Cíclope. Sus trabajos muestran una aproximación original al tradicional uso de los mitos, que casi siempre había constituido la base de las tramas de las tragedias; él continúa empleando los mitos, pero con una actitud diferente a la de sus predecesores. Parece que sintió la necesidad de dar nueva vida a las viejas historias, adoptando una postura realista o bien proporcionándoles un giro inesperado. Aristófanes alude a sus innovaciones en Las ranas (versos 959 y ss.), en donde hace declarar a Eurípides que añade un aspecto moderno y cotidiano a sus historias. En sus obras tardías, los mitos son poco más que relatos de intriga y por tanto vehículos de entretenimiento. Nos han llegado diecinueve obras de Eurípides. Por orden de composición: Reso, de fecha temprana, aunque desconocida, y que trata un tema de la Ilíada de Homero (libro 10), cuya autenticidad ha sido debatida; Alcestis, representada en el 438 junto con las obras perdidas Las cretenses, Alcmeón en Psofis y Télefo, y que consiguió un segundo premio: cuenta la historia de la lucha de Heracles para traer de la muerte a la reina Alcestis, que se había ofrecido voluntariamente a morir en lugar de su esposo, Admeto; Medea, representada en el 431 con las obras perdidas Filoctetes, Dictis y Los segadores, y que consiguió un tercer premio: trata de cómo Jasón repudia a Medea, su esposa extranjera, para poder casarse con la hija de Creonte, rey de Corinto, y de la venganza de Medea, que asesina a sus propios hijos y a la princesa; Los hijos de Heracles, representada hacia el 430: los hijos del héroe, tras su muerte, se refugian en el altar de Zeus de Atenas, huyendo de la persecución de Euristeo, que para hacerse con ellos declara la guerra a Atenas, pero es derrotado y ejecutado; Hipólito (título de dos obras, de las que solo una nos ha llegado): trata del amor incestuoso que sentía hacia Hipólito, hijo de Teseo, su madrastra Fedra, que se suicida después de escribir una carta a Teseo acusando falsamente a Hipólito de haberla violado; este se venga del inocente Hipólito; Hipólito consiguió el primer premio en su representación del 428. La tragedia Andrómaca se representó hacia el 426 y trata de la vida en esclavitud de la viuda de Héctor, a la que Hermíone, esposa de su dueño, Neoptólemo, atemoriza constantemente con la muerte; el viejo Peleo la protege y finalmente acaba casándose con Héleno, hermano de su marido. Hécuba se representó hacia el 424 y combina las historias de Polixena y la venganza de Hécuba, la viuda de Príamo, sobre Polimnestor, rey de Tracia, que había matado a traición a Polidoro, hijo de Príamo, cuando este se lo había confiado al comienzo de la guerra de Troya. Las Suplicantes se representó hacia el 422, tras los resultados del asedio de Tebas. El Heracles o La locura de Heracles se representó hacia el 417 y relata el asesinato por parte de Heracles del hijo que tuvo con Mégara, su primera esposa, en un arrebato de locura producido por Hera, y el posterior castigo que recibe, que son los famosos "doce trabajos". Electra es una versión, que contrasta con la Electra de Sófocles, del regreso de Orestes para vengar la muerte de su padre, Agamenón, asesinado por su propia esposa, Clitemestra; fue representada hacia el 417. Las Troyanas, estrenada hacia el 415 junto con las obras perdidas Alejandro, Palamedes y la sátira cómica Sísifo, quizá haga referencia al asesinato por parte de los atenienses de los hombres de Melos; es la más conmovedora de las obras de Eurípides y nos presenta el sufrimiento de las viudas de Troya después del saqueo de su ciudad y del asesinato de sus esposos. Ifigenia en Táuride, representada hacia el 414, cuenta cómo Ifigenia se trasladó desde Grecia hasta Táuride, Crimea, como sacerdotisa de Artemis: está amargada por su destino y, cuando su hermano Orestes llega allí en busca de la imagen de la diosa, ella es convencida para que lo ayude a escapar con la imagen. Helena se representó hacia el 412 junto con la obra perdida Andrómeda y trata de cómo Menelao encontró a su esposa Helena en Egipto, cuando volvía a casa después de la Guerra de Troya. Orestes se estrenó en el 408. Las Fenicias fue escrita hacia el 410 y trata de la guerra entre los hijos de Edipo, Eteocles y Polinices, y de su fatal combate singular para conseguir el trono; es la más larga de las obras de Eurípides. Ión, obra precursora de la Comedia Nueva, trata de un nacimiento ilegítimo, un engaño, un reconocimiento final y una reconciliación; se representó hacia el 410. Las Bacantes toca el tema de la llegada a Tebas del nuevo culto al dios Dioniso y del castigo del rey Penteo por no haber querido reconocer el poder del dios; esta obra se representó en el 405, después de la muerte de Eurípides. Ifigenia en Áulide nos relata cómo la diosa Ártemis impidió que la flota griega partiera de Áulide en dirección a Troya; se estrenó el mismo año que la anterior. El Cíclope es una sátira cómica escrita al final de su carrera. Se conservan en papiros fragmentos de algunas obras perdidas como Télefo, Cresfontes y Erecteo. Hay que mencionar que, de las obras que nos han llegado de Eurípides, diez formaron un canon que se constituyó hacia el año 200 de nuestra era para uso escolar; este canon lo constituían Alcestis, Andrómaca, Las Bacantes, Hécuba, Hipólito, Medea, Orestes, Las Fenicias, Reso y Las Troyanas. Los títulos de las otras nueve obras siguen el orden alfabético griego desde E hasta K. Un volumen procedente de una edición alejandrina ha llegado de forma fortuita hasta nosotros.

