Piromancia

Adivinación por medio del fuego. Había entre los antiguos diferentes especies de piromancia o diferentes modos de practicarla. Las principales consistían en arrojar al fuego pez pulverizada y si se encendía inmediatamente se deducía de ello un buen augurio. Se encendían antorchas bañadas con pez y se observaba la llama: si estaba reunida y no formaba más que una sola punta se auguraba felizmente de lo que se consultaba, si por el contrario, se dividía en dos, era mala señal, pero cuando formaba tres puntas era el presagio más favorable que podía desearse. Finalmente si se inclinaba a derecha o izquierda sacaban de ello que un enfermo estaba próximo a morir, o que debía sobrevenir alguna enfermedad a aquellos que se hallaban sanos. El peterreo anunciaba desgracias, y su extinción los más expantosos peligros. Algunas veces arrojaban una víctima al fuego y consideraban el modo como la rodeaban las llamas y la consumían, y si la llama formaba una pirámide o si se dividía; en una palabra el color, la brillantez, la dirección, la lentitud, o la vivacidad de este elemento, en los sacrificios, todo era materia de observación y de profecía. Se atribuía el origen de esta especie de Piromancia al adivino Anfiaroo, que pereció en el sitio de Tebas. Otros lo hacían descender de los Argonautas. En algunas ocasiones añadían al fuego otras materias, como por ejemplo, tomaban una vasija llena de orines, cuyo orificio tapaban con lana, examinando luego porque lado se rompía, y entonces exponían los augurios. En otras ocasiones los tomaban observando el peterreo de la llama o de la luz de una lámpara. Había en Atenas en el templo de Minerva Poliada una lámpara continuamente encendida, cuidada por dos vírgenes, que observaban exactamente todos los movimientos de su llama. Ver, Lampadomancia. Algunos autores ponen en el número de las especies de piromancia la horrenda costumbre que tenían ciertos pueblos orientales de hacer quemar sus hijos por el fuego en honor de Moloch. Ver, Adivinación.
 
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