Plátano
Este árbol, desde tiempo inmemorial parece haber sido objeto de la veneración de los orientales. Heródoto refiere que habiendo encontrado Jerjes en Lidia un corpulento plátano, le hizo adornar con una cadena de oro y aun le puso guardia de honor. Es probable que el monarca persa consagrara este árbol a alguna divinidad. Por lo menos entre los griegos y los romanos se consagraba al genio de cada individuo o al espíritu tutelar del que lo plantaba. Hacían coronas de sus hojas y flores y adornaban con ellas sus altares. Se conservaban con respeto religioso los dos plátanos que Agamenón y Menelao habían plantado, el uno en Delfos y el otro en un bosque sagrado de Arcadia, donde mil años después los vio aún Pausanias. Ver, Banana.

