Tobit

Judío que vivía cautivo en la ciudad asiria de Nínive, consagrado a la tarea ilícita de ayudar a sus compañeros de cautiverio. Al ser descubierto, perdió su empleo y quedó en la indigencia; pero su suerte mejoró cuando se produjo un cambio de régimen, pues el nuevo monarca, Asarhaddón tenía muy buen concepto de él. Cierto día, Tobit mandó a su hijo Tobías a buscar un pobre para que compartiera con ellos la comida de Pentecostés. Tobías regresó con la noticia de que un judío había sido estrangulado y que su cuerpo se hallaba abandonado en el mercado. Desafiando las leyes, Tobit fue a recoger el cuerpo y le dio sepultura. Para purificarse ritualmente de este acto caritativo, Tobit se fue a dormir fuera de su casa y, mientras lo hacía, se quedó ciego a causa de los excrementos de gorrión que le cayeron sobre los ojos. La ceguera le duraría ocho años. Tiempo atrás, Tobit había entregado diez talentos en depósito a un hombre de Ragués, en Media (actual Rhey, un lugar en las afueras de Teherán), de modo que decidió enviar a Tobías para que le localizara y recuperara el dinero. Tobías no conocía el camino, así que contrató a una persona para que le guiara a razón de un dracma diario; dicho guía resultaría ser el arcángel Rafael disfrazado. Durante el viaje les acompañaría también un perro. Al llegar al Tigris, se toparon con un gran pez, que atacó a Tobías. Siguiendo las indicaciones del ángel, Tobías se enfrentó al pez y consiguió capturarlo. Lo cortó luego en pedazos y se lo comió, pero guardó el corazón, el hígado y las agallas. Una vez en Ecbatana, la capital de Media, Rafael buscó alojamiento para su compañero en la casa de Ragüel, un primo de Tobit. Ragüel tenía una sola hija, llamada Sarra, y pronto estuvo en la mente de todos que aquello acabaría en boda. No obstante, Sarra arrastraba una historia verdaderamente peculiar. Había estado casada en siete ocasiones y, en todas ellas, la consumación del matrimonio se había visto frustrada por un espíritu maligno, llamado Asmodeo, que había matado a los novios al llegar la noche de bodas. Rafael convenció a Tobías de que se atreviera a dar el paso y le aconsejó que quemara el corazón y el hígado del pez en la cámara nupcial. Nada más hacerlo, Asmodeo huyó volando y no paró hasta llegar a Egipto. A la mañana siguiente (para gran sorpresa de todos, a excepción de Rafael) la pareja se encontraba viva y rebosante de felicidad. Rafael, que anteriormente había marchado a Ragués para recuperar los diez talentos, regresó a Nínive y devolvió la vista a Tobit con las agallas del pez. Tobías acabó sus días en Ecbatana y vivió lo bastante para regocijarse con la destrucción de Nínive.
 
Volver