Religión judía
Dentro del judaísmo existen cinco características muy propias: el monoteísmo, la presencia del rito iniciático de la circuncisión (práctica especialmente repulsiva para griegos y romanos), algunas prescripciones relativas a la preparación y condimento de comidas con arreglo a la diferencia entre animales puros e impuros, el deber de peregrinar al Templo de Jerusalén y la expectativa del Mesías (entendido por muchos hebreos como un monarca terreno que impondría la supremacía de Israel sobre todos los pueblos y la igualdad social de los judíos entre sí). Por el contrario el veto a comer cerdo no resulta extraño en la antigüedad. Heródoto de Halicarnaso señala que los egipcios nunca lo comen y Flavio Josefo indica lo mismo de sirios y fenicios. El núcleo de la religión hebrea es el Templo de Jerusalén. El rey David, rey de Israel ca. 1001-968 a.C., emprendió la construcción del Primer Santuario que fue consagrado por su hijo y heredero Salomón. El emperador neobabilonio Nabu-kudurri-usur II (605-562 a.C.), conocido en la Biblia por Nabucodonosor, lo destruye en 587. Ciro II el Grande de Persia (558-528) permite la reconstrucción del Templo tras su conquista de Babilonia en 539 a.C. El Santuario de Jerusalén constituye el foco de la religión judía. Allí se celebran el sacrificio perpetuo y los sacrificios individuales. Nuclea al sacerdocio y a sus ayudantes (levitas). En esos momentos los hebreos no se oponen al proselitismo religioso entre los no judíos (a quienes llaman gentiles). Incluso crean la categoría de los metuentes o temerosos de Dios. Estos son gentiles que reconocen a Yahwé por Dios único y viven con arreglo a la Torah (Ley de Moisés) aunque no se someten a las observancias (nombre bajo el que se engloban la circuncisión, la necesidad de peregrinar al Templo de Jerusalén y las costumbres alimenticias). Un nuevo elemento son las fiestas. El calendario judío contempla las siguientes (todas ellas móviles al fijarse con arreglo al calendario lunar): Pascua para conmemorar la salida de Egipto; Pentecostés (cincuenta días de Pascua) con objeto de hacer memoria de la entrega por Dios de la Torah a Moisés; Tabernáculos en la que los hebreos vivían en tiendas de campaña por recuerdo de sus andanzas por el Sinaí tras el éxodo de Egipto; Dedicación con objeto de celebrar la apertura del Templo de Jerusalén por Salomón; Expiación por los pecados del pueblo llamada en hebreo Yom Kippur; de las Luces (Hanukah) donde se festeja la reapertura del Templo de los Macabeos una vez concluida la abominación de la desolación; y Purim o carnaval judío con el propósito de celebrar que el emperador persa Jerjes (llamado Asuero en la Biblia) no provocase el genocidio del pueblo judío a ruegos de su esposa hebrea Ester.

