Oritía
Hija de Martesia, reina de las amazonas. Sucedió a su madre después de que esta reina fuese muerta en un combate contra los bárbaros. Oritía era una princesa admirada en toda la tierra por su ciencia en el arte militar, y más aún por la virginidad que conservó inviolablemente toda su vida. A su valor se debió que el nombre de las amazonas fuese tan grande y tan temible, que el rey Euristeo, a quien Heracles debía doce trabajos, creyó que debía prescribirle uno de absoluta imposibilidad, tal era el de mandarle que le trajese las armas de la reina de las amazonas. Este héroe, acompañado de lo mejor de la nobleza griega, partió con nueve galeras para esta expedición. Las dos hermanas, Antiípe y Oritía, compartían entonces la soberana autoridad, así es que hallándose Oritía ocupada en guerras contra los extraños, cuando Heracles desembarcó en la ribera no encontró más que a Antíope, acompañada por casualidad de un gran número de súbditas que estaban lejos de creer que venían a insultarlas hasta en el interior de su reino. Esta sorpresa fue causa que muy pocas tuviesen tiempo de armarse para oponerse a una irrupción tan repentina, de modo que fácilmente fueron vencidas. En este choque algunas murieron y otras cayeron prisioneras. Mientras tanto, Oritía recibió la noticia del combate de su hermana y del rapto que un príncipe ateniense había hecho de una de sus compañeras. En vano habían subyugado el Ponto y Asia si sufrían que los griegos invadiesen impunemente su territorio, menos para hacerles la guerra, que para arrebatarlas indignamente. Oritía envió al momento a pedir socorro a Sagillo, rey de Escitia, y le expuso que las amazonas tenían el honor de descender de sus pueblos, donde vivieron hasta que la necesidad las redujo a tomar las armas después del asesinato de sus esposos. Le instruyó de los motivos y del resultado de las guerras que habían gloriosamente concluido, y le hizo entender que ellas habían llegado por su virtud a dar a las mujeres escitas una reputación de un valor no menos grande que la de los hombres del resto de la tierra. El rey, movido de la gloria de su nación, le envió un gran cuerpo de caballería mandado por Panasogoro, su propio hijo. Pero se había introducido la división entre ellos, poco antes del combate, así es que olvidando el objeto que les conducía, abandonaron a las amazonas, que sin el socorro con que contaban fueron derrotadas por los atenienses. Sin embargo, encontraron una retirada en el campo de los aliados, que les puso a cubierto de los insultos de los demás pueblos, hasta que fueron conducidas otra vez a sus estados. La muerte de Oritía hizo pasar el cetro a manos de Pentesilea.

