Ojancos
En la mitología castellana, son ogros o gigantes que aparecen en los cuentos como "El ojanco" y otros nombres parecidos, y que se relacionan con el cíclope, ser mítico de un solo ojo. Estos cíclopes castellanos, también conocidos como "ojarancos" "ujancos" o "ojaranquillos", se les representaban como una especie de seres simiescos de barbas tan ásperas como cerdas de jabalí que le llegaban a las rodillas y así le tapaban el cuerpo, pues solía ir desnudo. Su peculiaridad era tener dos filas de dientes y un único ojo brillante que le ocupaba casi toda la zona frontal, y en algunos relatos populares se le atribuyen además dos cuernos. Es ágil como las águilas y con una extremada fuerza. Habitan en montañas, cuevas, posadas o castillos. Suelen disponer de rebaños o de un ejército y servidores coaccionados, y les gusta de la carne humana. El mito está emparentado con sus "primos", el Xigante gallego y el Patarico asturiano, junto a su "hermano" montañés El Ojáncanu. Estos seres han sido recogidos no solo en leyendas, como ejemplo La cueva de los gigantones en Alcalá de Henares (Madrid) o El Gigante del Valle Estrecho en San Martín de los Herreros (Palencia). También en los cuentos populares castellanos. Además, se conoce de su versión femenina, como la Ojáncana o en Piedrabuena (Ciudad Real) denominada la Ojanca. Ésta, era usada para asustar a los niños, cuyo nombre explicaban los lugareños en razón de que tenía un ojo muy grande. En la provincia de Jaén se halla el municipio de Arroyo del Ojanco.

