Juegos de tablero
La familia de donde proviene el ajedrez, la de los juegos de tablero, se originó ya en las más remotas civilizaciones, desde Egipto y Mesopotamia, y se dispersó geográficamente en las culturas de todo el mundo. Los estudios realizados durante los últimos dos ss. son numerosísimos y de ellos se desprende que en su mayoría de los juegos de tablero resultan en su remoto origen tan misteriosos como el ajedrez, aunque representen un paso más allá con respecto a las prácticas atléticas, mágicas o adivinatorias rituales. La información más abundante sobre juegos de tablero en la remota Antiguedad proviene de Egipto. Las fuentes son por una parte las piezas y tableros encontrados en las excavaciones arqueológicas, y por otra las representaciones pictóricas en diversos monumentos, a menudo con inscripciones explicativas complementarias. Hay además referencias escritas en diversos textos. Ya en el período predinástico de Egipto, unos 4.000 años antes de nuestra era, las excavaciones de EI-Muhasna mostraron una tumba de un médico-mago con una tablero de arcilla de 3x6 cuadros y 11 piezas de forma cónica para jugar en él con fines probablemente religioso-adivinatorios. Este es al parecer el más antiguo juego de tablero del que se tiene noticia. Numerosas representaciones iconográficas a partir de la Dinastía V (ca. 2494-2345 años antes de nuestra era), casi siempre en templos o tumbas, dibujan a jugadores ante un tablero, que ordinariamente se muestran de perfil sin permitir colegir su forma ni número de cuadros. Egipto es el único país que presenta imágenes de juegos de tablero con gran profusión, que no aparecen en los monumentos de otras culturas, ni siquiera en la India. Partiendo de esa riqueza iconográfica, Wolfgang Decker analiza cuatro juegos de tablero egipcios: El seneb (o "de las treinta casillas"), el "juego de las veinte casillas" muy emparentado con el anterior, el "juego del escudo" y el "juego de la vasija o de la serpiente". Juegos más o menos parecidos fueron conocidos por civilizaciones relativamente próximas en el espacio y en el tiempo, en Mesopotamia, por ejemplo. Cuando, en 1926, se encontraron las tumbas de la Primera Dinastía de Ur (alrededor de 2500 a. J.C) el arqueólogo sir Leonard Woolley encontró cuatro tableros de juego, que variaban solamente en cuanto a la decoración de las casillas. El tablero es un rectángulo de 3x8 al que faltan dos casillas en cada una de las filas exteriores. Las piezas eran blancas y negras, siete por bando. El juego está estrechamente relacionado con el que en Egipto se conocía como "juego de las veinte casillas". Las primeras imágenes en ser estudiadas fueron las de Medinet Abu, mostrando al faraón Ramsés III (Dinastía XX) jugando a un juego de tablero con la diosa Isis, y se interpretan actualmente como pertenecientes al juego de Tau o "de los ladrones". Los dos adversarios están ante un tablero con cinco piezas cada uno, blancas y negras, y en la ordenación inicial con un espacio vacío entre las piezas en el que pueden caber algunas de ellas. El mismo juego aparece en las pinturas de Beni-Hasan, de la Dinastía XII, casi mil años anterior. La fuerza de las imágenes hace venir a la mente la comparación con el ajedrez y de hecho, ya en 1832, el referente del British Museum Frederic Madden, en un comentario marginal, admitía la posible existencia del protoajedrez en el antiguo Egipto. Poco después, los egiptólogos Samuel Birch y sir J. G. Wilkinson pretendieron identificar algunos de estos juegos al menos como "damas". Según J.Gardner Wilkinson, "las damas eran un pasatiempo favorito de los egipcios de todas las clases sociales y Ramsés III está representado en varias ocasiones jugando en el palacio de Tebas. El número de piezas no se deja determinar con exactitud, pero eran de color diferente en los extremos opuestos del tablero, y no eran planas". El mismo autor supone que los juegos de los egipcios eran ajedrez, damas y alquerque, al igual que los juegos que durante la Edad Media aparecen en Códices como el del rey Alfonso X de Castilla. Tambien el egiptólogo del siglo pasado Samuel Birch pretendió identificar algunas de las pinturas como "juego de damas" a lo máximo, pero rechazando que alguna de ellas fuese interpretable como ajedrez. En 1890, el bibliófilo catalán J. Brunet y Bellet elaboraba a partir de estas y otras teorías toda una sugestiva hipótesis sobre los orígenes del ajedrez en Egipto, su difusión al mundo griego y romano, y su implantación ulterior en la Persia sasánida a partir de Bizancio, es decir, siguiendo un vector de dirección diametralmente opuesta al que se viene admitiendo como dogma oficial desde hace 300 años. Aunque Brunet escribe en ocasiones con apasionamiento y subjetivismo, sus argumentos resultan muy sólidos y brillantes en determinados aspectos de la cuestión. Por más que su trabajo haya quedado relegado al olvido bibliográfico, el concepto de "protoajedrez" y sus posibles raíces lejanas en los juegos egipcios sigue avalado por un gran número de hechos. Ver, Senet, Juego de mesa, Latro, Juegos.

