Munigua

A cincuenta kilómetros al noroeste de Sevilla, junto a las laderas de Sierra Morena, se hallaba la antigua fortaleza ibérica de Munigua, convertida en municipio romano de la Bética durante el principado de Vespasiano. El nombre del pueblo vecino de Villanueva del Río y Minas nos indica que estamos en el centro de una zona minera, rica, en este caso, en yacimientos de hierro. Las excavaciones han dado a conocer uno de los mayores complejos monumentales de toda la Bética, muy importante para comprender mejor el aspecto que ofrecían las ciudades menores de las regiones metalíferas del interior. La ciudad se extendía sobre una colina, cuya parte más alta fue en gran parte transformada durante los años siguientes a la nueva situación administrativa, entre el final del siglo I e inicios del II. Una rampa doble conduce a una gran terraza desde la que se accede a otras dos que culminan en la pequeña celda de un templo, construida con ladrillos y que se abre a una gran exedra. El santuario reproduce el estilo típico de los que se construyeron en época tardo-republicana en el Lacio y estaba dedicado al culto de una divinidad que puede identificarse muy probablemente con Hércules. El culto a la casa imperial, documentado por varios epígrafes, también estaba presente. A los pies de este santuario principal estaba situada la zona pública de la ciudad, cuyo eje era el foro, de planta cuadrada y rodeado por un recinto de pórticos y columnas. En dirección a la montaña surgía otro templo, del que se conserva el alto podio, mientras que hacia el este se hallaba el complejo de las termas públicas. La sede del gobierno municipal, la curia, una pequeña basílica y un templete en el que se veneraba, como explican los documentos epigráficos, un dios Padre (representado por una estatua de caballo en bronce, divinidad infernal patrona de las minas que proporcionaban riqueza a la ciudad), eran otros edificios que también daban al foro. En Munigua se han excavado de forma muy acertada algunas casas, que han proporcionado mucha información sobre la vida de sus habitantes, y las necrópolis, cuyos restos se ven en las laderas de la colina, que estaba rodeada por un recinto amurallado visible en su trazado, pero todavía no sacado completamente a la luz. La ciudad desapareció totalmente en la antigüedad, al agotarse los filones de mineral de hierro que eran la razón de su existencia. Hoy, Mulva, provincia de Sevilla, comunidad autónoma de Andalucía, España.
 
Volver