Devotio

Nombre con el que, entre los romanos, se conocía al sacrificio por el que la víctima se consagraba por sí misma, espontáneamente, a los dioses infernales para aplacar su cólera, para restablecer el orden del mundo cuyo trastorno amenazaba la estabilidad, incluso hasta la existencia de la colectividad. La devotio se practicó frecuentemente en la época histórica por los jefes militares o por guerreros notables, ofreciendo su vida a cambio de la victoria cuando se encontraban en una situación difícil en el curso de una batalla. Dicha autoinmolación a la tierra y a los dioses manes comportaba también la derrota final del ejército rival, por lo que se trataba de una forma de conseguir la victoria mediante esta ceremonia. El general podía ser sustituido por alguno de los soldados, pero si el sustituto sobrevivía a la consecución de la victoria, debía enterrarse una imagen de aquél. Cualesquiera que pudiesen ser sus lejanos orígenes, sin duda tiene sus raíces en el pasado mágico de la realeza tribal; parecía a los romanos como un gesto casi normal, el de la consumación solemne del sacrificio implícitamente consentido por cada miembro de la comunidad de manera permanente, tanto durante la guerra como en la paz. Ver, Curcio (M. Curtius, héroe romano), Sacrificio romano.
 
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