Hispania

Nombre con el que los romanos designaban la península Ibérica. Parece que es de origen semítico y pudo ser el que los fenicios utilizaron para designar a las zonas peninsulares conocidas por ellos. Su significado originario, una vez descartado definitivamente el de "tierra de conejos", pudo ser el de "isla o costa del norte", por tratarse de la tierra que divisaban desde su arribada procedente del estrecho de Gibraltar, o el de "isla o costa de los forjadores", debido a la importancia que tenía el trabajo metalúrgico en el mundo tartésico, que fue el primero de los ámbitos con el que los fenicios entraron en contacto en el suelo peninsular. En el tiempo de las Guerras Púnicas la población tiene elementos ligures, africanos y celtas. Los Barcas, Amílcar, después Asdrúbal, formaron en ella un verdadero imperio. Ya, no obstante, se reconocía una zona de influencia a los romanos en la costa oriental, entre los Pirineos y el Ebro (Júcar). Durante la segunda Guerra Púnica, Roma envió a ella al joven P. Cornelius Scipion, quien toma Cartagena, funda el "vicus" Italica y avanza hasta Gades. De 147 a 133, Escipión Emiliano acaba una conquista difícil, señalada por la resistencia heroica de los lusitanos mandados por Viriato y de los celtíberos en Numancia (133). Aún del año 80 al 72, Sertorio intenta mantener la rebelión. César bate en Ilerda (49) a los generales pompeyanos y en el 45 a.C., en Munda, a los hijos de Pompeyo. Augusto termina con Agripa la conquista del país de los cántabros. Vespasiano concede a España el derecho latino. España era rica en minerales, especialmente en mineral de plata. Fue intensamente romanizada, sobre todo en su parte oriental, donde la emigración romana fue muy importante. En ella nacieron Quintiliano, Marcial, Séneca, Lucano, Columela, Teodosio, Prudencio y Trajano, entre otros. Quedan muchos restos de la época romana, especialmente en Alcántara (puente), Almuñecar (acueducto), Belo (teatro), Carmona (recinto, mausoleo, etc.), Córdoba (puente de los Pedroches), Sevilla (Itálica) (anfiteatro), Mérida (anfiteatro, teatro, acueductos, templos, etc.), Osuna (recinto), Sagunto, Salamanca (puente), Zaragoza (puente), Segovia (acueducto), Tarragona (recinto, acueducto), Barcelona (murallas, templo), etc.. La primera división provincial romana se produce poco después de derrotar a los cartagineses en la península. Roma decide incorporar a sus dominios los territorios entonces bajo su control militar, que por entonces incluía todo el levante desde Ampurias a Cartago Nova y la casi totalidad de Andalucía, tanto el valle del Guadalquivir como la zona de las cordilleras béticas y Sierra Morena al norte. Dicho territorio fue dividido en dos provincias separadas por una frontera que discurriría desde el oeste de Cartago Nova hacia el norte, debiéndose repartir los territorios conquistados desde entonces entre ambas provincias. A una provincia la llamaron Ulterior, la más alejada de Roma, y a la otra, Citerior, la más cercana a Roma. El territorio que cada una de estas englobaba fue variando con el tiempo, a medida que Roma conquistaba nuevos territorios ibéricos. Así durante los primeros sesenta años del dominio republicano sobre las provincias hispanas, desde la división 197 a.C., hasta el fin de las Guerras Lusitanas y Celtibéricas 137-133 a.C. aproximadamente, las provincias se mantuvieron más o menos estables englobando cada una: )o()o()o( Hispania Ulterior: Actual Andalucía en su totalidad, partes del sur de la actual provincia de Badajoz y de la Mancha así como el suroeste de la actual de Murcia. Posiblemente también englobaría las zonas portuguesas al este del Guadiana (Moura, Serpa, etc.) y el Algarve. Su capital fue fijada en Corduba. )o()o()o( Hispania Citerior: Norte y este de Murcia, gran parte de Castilla la Mancha, incorporada a lo largo de este período, la zona valenciana, Cataluña, el Ebro y el pirineo aragonés, también incorporado durante estos años. Su capital fue Tarraco. Al finalizar las guerras celtibéricas y lusitanas, el dominio romano sobre Hispana fue ampliado sustancialmente: Extremadura y la mayor parte de Portugal (al sur del Duero) fueron incorporados a la Ulterior, con lo que quedaban conformados los territorios de las dos hispanias ulteriores que se crearon en época augustea, la Bética en los territorios más antiguos y romanizados de Andalucía y la Lusitania en los recién incorporados territorios de Extremadura y el Portugal al sur del Duero y a la Citerior se le incorporó buena parte de la submeseta norte. En los siguientes cien años de dominio romano, hasta la guerra con los astures de Augusto, la frontera solo fue ampliada de manera muy limitada, añadiéndose al dominio romano tan solo los territorios que quedaban por incorporar al sur de la cornisa cantábrica. En el año 27 a.C., el general y político Agripa hizo un cambio. Dividió Hispania en 3 partes, añadiendo la provincia de Lusitana que comprendía casi todo lo que hoy es Portugal (excepto la faja al norte del río Duero) y casi toda Extremadura y Salamanca. El emperador Augusto en ese mismo año vuelve a hacer una nueva división que queda así: )o( Provincia Hispania Ulterior Bética, más conocida simplemente como Bética, cuya capital era Córdoba, la antigua capital de la Ulterior. Existe una sustancial continuidad entre los territorios turdetanos y de interacción con los fenicio-púnicos, la ulterior primigenia y la posterior Bética, centrándose todos estos territorios en tomo al valle del Baetis (valle del Guadalquivir) y a las dos zonas que lo delimitan, Sierra Morena y los sistemas béticos, es decir, la actual Andalucía. De hecho en autores como Estrabón, se igualan los conceptos Turdetania y Bética y se nombra a los habitantes de la Bética aún como turdetanos (y turdulos). La provincia incluía en un principio la actual Andalucía y la zona sur de la actual Badajoz. Pocos años después, hacia el 4 a.C. Augusto decidió rectificar la frontera entre la Bética y la Tarraconense, añadiendo el este de Jaén, el norte de la provincia de Granada y la zona almeriense excepto el poniente, a la provincia Tarraconense. El río Anas o Annas (Guadiana, de Wadi-Anas) separaba la Bética de la Lusitania en ciertos tramos, mientras que en otros la frontera Bética discurría bastante alejada del margen izquierdo del Anas. )o( Provincia Hispania Ulterior Lusitania, cuya capital era Emerita Augusta (Mérida). )o( Provincia Hispania Citerior Tarraconensis, o sencillamente Tarraconense cuya capital era Tarraco (Tarragona). Los territorios incorporados en las guerras tonta los cántabros y astures, fueron incorporados a esta provincia. )o( Llegando el siglo III de nuestra Era, el emperador Caracalla hace una nueva división que dura muy poco tiempo. Divide la Citerior otra vez en 2 creando la nueva Provincia Hispania Nova Citerior con Asturiae-Calleciae (actual provincia de León). Esta nueva provincia, cuya creación se relaciona con la intensificación en la explotación de las minas de oro del noroeste peninsular, duró poco tiempo y en el 238 quedó restablecida la Citerior Tarraconensis en su unidad. Posteriormente, con la reforma administrativa del Imperio que lleva a cabo Diocleciano (284-305), se dividió la antigua Tarraconense en tres provincias: Gallaecia, Cartaginensis y Tarraconensis, cuyos límites exactos se desconocen pues no constan en ninguno de los documentos conservados. Sin embargo, la innovación más importante fue la creación de las llamadas diócesis. Una de ellas fue Hispania cuya capital estaría probablemente en Emerita Augusta. Las cinco provincias antes citadas (Lusitania y Bética más las tres en las que se había dividido Tarraconensis) fueron integradas en la diócesis, junto con Mauretania Tingitana, al otro lado del estrecho. A finales del siglo IV, las Islas Baleares constituyeron también una provincia independiente (Balearica), desgajándose de la Carthaginensis.
 
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