Invasiones bárbaras
El Imperio romano ha sido, en todos los tiempos, amenazado por invasiones venidas del exterior. Sin hablar de la invasión de los galos senones sobre Roma el año 390 a.C., olas de poblaciones bárbaras se presentaron a las puertas de Italia en diferentes momentos; por ejemplo, los teutones y los cimbrios, en 103-102 a.C. Por otra parte, en el interior mismo del Imperio, zonas insumisas contenían elementos bárbaros que se sublevaban o estaban prestos a tender la mano a los bárbaros del exterior (confabulación entre los bátavos y ciertas ciudades galas en los años 68-69 d. J.C.). Pero a partir de Augusto el principal peligro está representado por las poblaciones del otro lado del Rin y del Danubio, así como por los partos, en la frontera de Siria, y otros puebIos, como los árabes o, en la región del Cáucaso, los alanos, Para contener a tales inquietos vecinos se recurrió ya a expediciones de castigo de gran estilo, ya a un sistema de defensas fronterizas. Pero esto no impidió penetraciones profundas de bárbaros desde el mismo tiempo de Augusto. No obstante, se puede considerar que las "invasiones bárbaras" no comienzan verdaderamente sino cuando Roma pasó de la defensa "activa" a una estricta defensiva. Las invasiones revestían muchas formas desde infiltraciones por pequeños grupos hasta el ataque en masa; a veces no eran más que una incursión, después de la cual el enemigo se retiraba; a veces los bárbaros se instalaban permanentemente, con la autorización de la autoridad romana. La primera alarma grave data de los años 166-180 d. J.C. (cuados y marcomanos). Después, con la anarquía del siglo III, los ataques se multiplicaron: francos y alamanes en el Rin, godos en el Danubio, persas en el Éufrates. Todas las fronteras fueron, en un momento u otro, desbordadas por los invasores: en África, en Britannia, en Asia Menor, pero el Rin y el Danubio siguieron siendo las zonas más amenazadas. En el siglo IV, la presión ejercida por los hunos sobre los bárbaros vecinos del Imperio aumentó la amenaza. Finalmente, las invasiones acabaron con la destrucción del Imperio de Occidente (toma de Roma por Odoacro en 476). Ver, Limes.

