Epicuro

(ca.341-270 a.C.). Filósofo griego, fundador del epicureísmo, escuela filosófica que toma de él su nombre y que fue una de las más importantes en la época helenística y romana. Hijo de Neocles, profesor ateniense que se trasladó como colono a Samos, en donde nació Epicuro, y de Queréstrate. En su infancia fue alumno del platónico Pánfilo. Se marchó a Atenas en el 323 para cumplir durante dos años el servicio militar como efebo (el poeta Menandro sirvió en el ejército al mismo tiempo que él). Antes o tal vez después de su estancia en Atenas, se marchó a Teos para estudiar filosofía con Nausifanes, quien le introdujo en la teoría atomista de Demócrito. Mientras tanto, la familia de Epicuro había sido expulsada de Samos y se trasladó a Colofón. Se reunió allí con su familia hacia el 312 y fue allí donde formuló las ideas filosóficas que inspiraron su vida. En el 309 se marchó con sus hermanos a Mitilene, donde era importante la influencia de la escuela peripatética. Fue expulsado de Mitilene y se marchó a Lámpsaco, en donde tuvo más éxito. En todos los lugares en los que estuvo enseñó filosofía y ganó adeptos. En el 306, con el apoyo económico de sus seguidores, compró una casa y un jardín en Atenas. El jardín, que era un huerto de hortalizas y no un jardín para solaz, se convirtió en lugar de encuentro entre sus discípulos y en sede de su escuela, conocida como "El Jardín", en donde participaban tanto hombres como mujeres, fomentando la amistad. Desde allí difundía sus doctrinas en continua polémica con las escuelas socrática, platónica y aristotélica, cínica y megárica y con el naciente estoicismo. Allí escribió Epicuro abundantemente. Según Diógenes Laercio, escribió unos trescientos volúmenes. Uno de sus propósitos principales fue el de oponerse a la influencia de la Academia y de los "dioses astrales" de Platón. En Atenas parece que conoció y ejerció influencia en su contemporáneo, el peripatético Estratón de Lámpsaco, director del Liceo, que también era hostil al platonismo. Epicuro viajó poco desde Atenas. Murió en el 270 y legó su escuela, por medio de un testamento que se conserva, a Hermarco de Mitilene. El propósito de Epicuro era mostrar a la humanidad que es posible vivir una vida de felicidad imperturbable (ataraxia), sin miedo y sin preocupaciones, gracias al correcto conocimiento del funcionamiento del universo. Los principales objetos de temor: el castigo divino y la muerte, no nos atañen, pues el alma humana no sobrevive a la muerte y los dioses no dirigen los acontecimientos, que están regidos por las leyes naturales. De acuerdo con sus enseñanzas, el universo y todo lo contenido en él, incluyéndonos a nosotros y a nuestras almas, está constituido por átomos, cuyo movimiento se rige por causas naturales. Ningún objeto compuesto permanece por siempre, pues los átomos se mueven en círculo, y su movimiento, su unión temporal y su posterior dispersión explican la generación y disolución de todas las cosas, incluyendo los seres vivos. Por otro lado, los dioses, que son perfectos y eternos, viven una existencia feliz al margen de las actividades o sufrimientos de la humanidad. La creencia de Epicuro en la existencia de los dioses ha sorprendido a muchos. Tenía como ventaja el evitar ofender la piedad del hombre griego de su época y, por otra parte, encajaba perfectamente con su oposición al atomismo mecanicista de Demócrito. Epicuro sostenía que se podía evitar gran parte de los problemas siguiendo la máxima "vive en secreto" y manteniéndose alejado de la política y la vida pública. Enseñó que la amistad, más que la justicia, debía ser el fundamento que mantuviera unida a la sociedad. Su filosofía tenía tres ramas fundamentales: filosofía moral, física y epistemología. Aunque escribió mucho, nos han llegado muy pocos escritos suyos, sobre todo a causa de la indiferencia de épocas posteriores y de la hostilidad de otros sistemas de creencias, principalmente el cristianismo. Se conservan su testamento y tres cartas, escritas respectivamente a Heródoto "Sobre la naturaleza", a Fitocles "Sobre meteorología" y a Meneco "Sobre filosofía moral". Escribió muchas otras cartas cuyos destinatarios conocemos, y su fervor epistolar evangélico puede compararse con el de san Pablo. Hay también un breve compendio de sus enseñanzas en cuarenta y cuatro proposiciones, destinado a ser aprendido de memoria. En 1888 se descubrieron en El Vaticano 81 dichos suyos. Algunos fragmentos de sus obras salieron a la luz en la biblioteca de Pisón en Herculano. Nuestro instrumento principal para entender su filosofía es el poema latino de Lucrecio De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas), que incluye un elogio de Epicuro. Parece que la obra más importante de Epicuro se titulaba Sobre la naturaleza. Epicuro tenía la firme intención de superar las objeciones al atomismo que había formulado Aristóteles e igualmente de evitar el rígido determinismo de la teoría de Demócrito. Postuló la existencia de átomos que eran indestructibles y del vacío en el que los átomos se mueven. También postuló que los átomos tienen la capacidad de unirse unos con otros para formar los cuerpos que constituyen el universo; pero su unión es siempre temporal, de modo que los universos llegan a existir y a desintegrarse en series indefinidas. Epicuro negó la proposición aristotélica de que hubo un acto divino de creación o "causa primera". También negó las causas finales y cualquier propósito divino en el universo. Difiere de Demócrito al proclamar que hay un elemento de aleatoriedad en el movimiento de los átomos; argumenta que normalmente los átomos "caen" por su propio peso, pero que pueden cambiar de rumbo al colisionar con otros átomos. Establece, incluso, que debe haber un ligero viraje o desviación y, basándose en este argumento, afirma que no todo está determinado, principalmente en lo que se refiere al comportamiento de los seres animados: hay una parte pequeña pero importante de su comportamiento que no está predeterminada física o biológicamente. El gran logro de Epicuro fue añadir una dimensión moral a la teoría exclusivamente física de los primeros atomistas, con la finalidad de establecer un patrón que determinase la mejor forma posible de vida. La comunidad que constituían sus seguidores y amigos, incluyendo mujeres y esclavos, le era tremendamente leal y llevaba un tipo de vida parecido a la vida monástica, simple y sin excesos, pero con un intenso cultivo de propósitos mentales. La amistad generada por sus comunidades era proverbial. Sin embargo, su aislamiento autoimpuesto era motivo de críticas ya en la antigüedad. Posteriormente, el ideal epicúreo fue rechazado y deformado, sobre todo en la Edad Media, en la que el término "epicúreo" adquirió la inmerecida connotación de sensual, voluptuoso, entregado a los placeres. De su considerable obra se han conservado bastantes restos e incluso referencias a su filosofía en otros autores. Quedan las tres epístolas doctrinales a Heródoto, Meneco y Fitocles, ya citadas, junto con las Doctrinas capitales. Se conocen también las sentencias morales del llamado Gnomologio vaticano epicúreo y numerosos fragmentos de sus cartas, así como varios de su obra De la naturaleza de las cosas, que abarcaba 37 libros. Según Diógenes Laercio, escribió más que ningún otro filósofo, y otros títulos de obras notables son: De los átomos y del vacío; Del amor; Compendio de los libros escritos sobre los físicos; Máximas ciertas; De las sectas; De las plantas; Del fin; Del Criterio o regla de nuestros juicios; De los dioses; De la piedad; Biografías; De la práctica de la justicia; El banquete; De la vista; Del ángulo en el átomo; Del tacto; Del destino, Pensamientos sobre las pasiones, De los presagios; De las imágenes; De la música; De la justicia y las otras virtudes; De los beneficios y del reconocimiento; Pensamientos sobre las enfermedades; De la monarquía.
 
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