Livio
Tito (Titus Livius) (ca.59 a.C.-17). Historiador nacido en Patavium (Padua), en esa época parte de la Galia Cisalpina. Existen pocas noticias sobre su vida, sabiéndose que residió alternativamente en Roma y Nápoles, retirándose a esta última ciudad para trabajar con más sosiego. Patavium era la ciudad más rica del norte de Italia gracias a su floreciente industria lanera. Livio recibió una buena educación en filosofía y retórica, incluyendo un buen conocimiento del griego, y tras componer algunos diálogos filosóficos, pasó el resto de su vida desde el 27 en Roma investigando y escribiendo su historia de la ciudad, que tituló Desde la fundación de la ciudad (Ab urbe condita). Gracias a su reputación como escritor (Livio había hecho lecturas públicas de su historia) llegó a conocer bien al emperador Augusto, que le proporcionó apoyo moral, que no financiero, ya que Livio tenía abundantes recursos propios. Pese a su patriotismo, Livio no fue un historiador oficial; Augusto lo tachó incluso de pompeyano por su conservadurismo y sentimientos republicanos, y Livio, en un primer momento, pudo haber aprobado el principado como una medida provisional. Patavium era una ciudad anticuada y puritana, y C. Asinio Polión se podía referir al obvio objetivo moralizante de la historia de Livio cuando se mofaba de su "patavanismo " o "paduanismo". Una inscripción funeraria procedente de Padua parece referirse a Livio, según la cual este habría estado casado con Casia Prima y habría tenido dos hijos. Dirigió a su hijo una carta recomendándole a Cicerón y Demóstenes como modelos de escritura, y este escribió un tratado, perdido, de geografia. Se sabe que su hija se casó con el retórico Lucio Magio. Livio entabló amistad con el futuro emperador Claudio y lo animó en sus trabajos históricos. La obra histórica de Livio constaba de 142 libros, de los que solo se conservan treinta y cinco, en su mayoría íntegros. La obra abarcaba el período desde la supuesta fundación de Roma en el 753 a.C. hasta el 9 a.C., y según parece estaba dividida, aunque no muy rigurosamente, en décadas y lustros e incluso en períodos de quince años, según los temas tratados. Han sobrevivido los diez primeros libros, que describen las primeras leyendas y la historia de Roma hasta el 294, y los libros 21-45 (desde el 219 hasta la batalla de Pidna en el 168), que narran la guerra contra Aníbal y los siguientes sucesos centrados en las figuras del rey Filipo V de Macedonia y Antíoco III, y en el reinado de Perseo de Macedonia. Se han descubierto fragmentos de los restantes libros: un palimpsesto de parte del libro 91, algunas citas y, dado que la obra estuvo disponible durante toda la antigüedad, resúmenes (periochae) que nos ofrecen una idea clara del contenido de la mayoría de los libros perdidos y un epítome en un papiro procedente de Oxyrhinchus de los libros 37-40 y 48-55. Además, muchos historiadores romanos posteriores utilizaron a Livio como fuente de sus obras: Floro, Granio, Eutropio, Festo Casiodoro y Obsecuente. En referencia a la fecha de composición de las diferentes secciones de la historia, las pruebas internas nos ofrecen algunas pistas, aunque es posible que Livio añadiera pasajes posteriormente a su redacción original: parece que escribió los primeros cinco libros hacia el 25 a.C.; el libro 28 fue escrito después de la campaña de Agripa en Hispania en el 19 a.C.; el libro 59, con una referencia a los puntos de vista de Augusto sobre el matrimonio, fue escrito después del 18 a.C., y los libros 121-142 fueron publicados, como se desprende de una nota del sumario, tras la muerte de Augusto en el 14. Livio fue esencialmente un historiador sedentario que consultó tanto fuentes recientes como antiguas, pero sin experiencia personal sobre los hechos que relata o sobre la geografía de estos. Solo ocasionalmente se refiere a lugares o monumentos vistos por él, y no utiliza como fuente ningún otro material que la literatura. Livio trabajó con el material que encontró en las obras de los analistas y cronistas, en su mayoría romanos, algunos de ellos sujetos a prejuicios familiares o partidistas, en un modo muy poco crítico. Livio puso discursos en boca de personajes históricos, no porque supiera que los habían pronunciado, sino para hacer más vívida su narración con una exposición de los motivos y sentimientos que pudo haber tenido un personaje. El estilo de Livio era elegante: utilizaba un vocabulario más amplio que César y Cicerón, incluida una dicción y expresiones frecuentemente poéticas en sus dos primeros libros apropiadas para las historias legendarias de la Roma primitiva, y tenía un talento especial para las descripciones imaginativas. Livio evitó las contorsiones de Salustio al estilo de Tucídides. El crítico Quintiliano, al escribir sobre el estilo de Livio, describe como una "abundancia láctea" (Livii lactea ubertas), refiriéndose a la densidad, variedad y flujo retórico de su narrativa. Livio solo cita ocasionalmente el nombre de sus fuentes, normalmente cuando no está seguro de la veracidad de los sucesos. Su fuente más famosa y más fiable fue Polibio, a quien utiliza frecuentemente para relatar los sucesos orientales, aunque tuvo ciertas dificultades en adaptar la cronología griega de Polibio, basada en las Olimpiadas, al sistema de datación romano. Otras fuentes en las que se basó incluyen a historiadores antiguos como Fabio Píctor, L. Calpurnio Pisón Frugi y Catón el Censor, y analistas del final de la república como Valerio Antias, C. Licinio Macer y Claudio Cuadrigario. Livio escribió al menos dos prólogos a su obra: el primero, al inicio del libro 1, lamenta la deplorable naturaleza de los hechos recientes, que incluyen una serie de guerras civiles, y expresa su placer al hacer recuento de las grandes hazañas de los primeros tiempos, aunque no aboga por la verdad literal de las historias sobre la fundación de la ciudad. Livio enuncia una teoría según la cual la historiografía es la medicina de la mente, y enfatiza lo que él ve como su objetivo moral o ofreciendo ejemplos, tanto de lo que es recomendable como de lo que se debe evitar. Aun así, su obra está libre de una clara moralización. Hay un segundo prólogo al comienzo del libro 6.

