Tercera guerra púnica
(149-147 a.C.). Cartago, tras la derrota de Zama, se había mantenido fiel a los pactos con Roma, atenta sólo a su reconstrucción interior. Pero la paz del 201 había incluido también a otro estado africano, Numidia, cuyo rey Massinisa, irreconciliable enemigo de Cartago, era la mejor garantía de que el estado vencido permanecería vigilado y sujeto a control en los márgenes de su espacio vital. Pero Massinisa aprovechó su condición de amigo de Roma para desarrollar una irritante política de agresiones contra las fronteras púnicas, resueltas con mediaciones partidistas del gobierno romano, pacientemente aceptadas por la oligarquía pacifista que dirigía Cartago. Un amplio sector de la clase dirigente romana nunca había dejado de considerar obsesivamente a Cartago como un potencial peligro. Y este sector, encabezado por Marco Porcio Catón, exponente del tradicionalismo más intransigente. exigía incansablemente su destrucción. El pretexto para la intervención militar lo ofreció el propio Cartago cuando, exasperado por una nueva agresión de Massinisa, declaró la guerra a Numidia, sin autorización romana (151). Catón consiguió así convencer al Senado para que declarara a su vez la guerra a Cartago (149). Conscientes de su inferioridad, los cartagineses se apresuraron a pedir la paz y aceptar las condiciones que impusiera Roma. Pero el Senado, dispuesto a liquidar definitivamente el problema, exigió lo inaceptable: la destrucción de la ciudad y su reconstrucción en el interior a no menos de quince kilómetros de la costa. Los púnicos decidieron entonces resistir a ultranza y se encerraron tras los muros de su ciudad, con armas y víveres. Durante dos años, Cartago, sometida a sitio, no pudo ser conquistada, en parte, por la ineptitud de las legiones; finalmente, en el 147, el mando de las operaciones fue confiado a Escipión Emiliano, el posterior verdugo de Numancia, que restaurada la disciplina en sus fuerzas, estrechó el cerco hasta el encarnizado ataque final. Cartago fue destruida y se maldijo el suelo donde se había levantado. Como había ocurrido en Macedonia tras la rebelión de Andrisco, el gobierno romano optó por someter el territorio de Cartago a una administración directa, convirtiéndolo en la nueva provincia de África.

