Casco corintio
Cuando, a principios del siglo VII a.C., la falange hoplita llegó a su madurez en las ciudades griegas, alcanzó también su desarrollo una panoplia adecuada para el nuevo tipo de combate en formación cerrada. La lucha solía ser breve pero de muy alta intensidad, lo que exigía una adecuada protección para los combatientes, ciudadanos libres y acomodados de la polis. Junto al escudo hoplita era imprescindible un casco cerrado de bronce, que protegiera cabeza y cara. El modelo de mayor éxito, el que más se ha representado en relieves y cerámica, y el que ha sido asociado, en la imaginación popular, a la imagen del hoplita, fue el corintio. La denominación de los cascos griegos (corintio, ilirio, calcidio, ático...) es moderna, pues se desconoce la procedencia de la mayoría de los tipos, aunque una mención de Heródoto y su representación en vasos protocorintios antiguos, hicieron pensar que este tipo fuera ya denominado corintio por los propios griegos, aunque quizá se inspirase en algún casco oriental. El casco corintio surgió a fines del siglo VIII a.C. en forma de un masivo capacete de bronce que cubría la cabeza, dejando apenas una rendija horizontal para los ojos y otra vertical para la nariz y boca. Aunque algunos ejemplares antiguos se hicieron en dos piezas, el casco corintio se batía normalmente a partir de una sola lámina de bronce, una proeza técnica difícilmente reproducible hoy. Su interior estaba forrado con fieltro u otro material, que se cosía al metal por medio de las hileras de pequeños orificios que suelen puntear los bordes de los cascos. Este acolchado tenía tanta importancia como el metal, ya que amortiguaba golpes que de otra forma hubieran noqueado o matado al portador, aunque no resultara perforado. A partir del siglo VI, el acolchado se pegaba al interior y, en imágenes del siglo V, se advierte una especie de gorra bajo el casco. Un casco corintio pesa dos kilos y medio o más y en verano (cuando se desarrollaban las campañas) debía ser sofocante y molesto. Pero no es excepcionalmente pesado; los cascos de los gladiadores romanos se aproximaban a los siete kg, aunque estaban pensados para llevarse durante un período muy breve. El grosor del casco no es uniforme, y que tiende a aumentar en ejemplares del siglo VI a.C., especialmente en la zona de la cara, oscilando entre los 0,75 y los 1,25 mm, aunque el nasal llega a tener basta medio centímetro de grosor. A partir de los toscos ejemplares primitivos, durante los ss. VI y V a.C. aparecieron modelos cada vez más elegantes y mejor adaptados a la cabeza, con carrilleras más alargadas; incluso se mejoró la audición en algunos modelos tardíos del siglo V, practicando aberturas para las orejas. Estas defensas, verdaderas obras de arte de la metalurgia, solían estar decorados con motivos geométricos, florales orientalizantes o animales, en las carrilleras, reborde del casco y comisuras de los ojos y boca. El casco corintio se podía llevar en dos posiciones: calado para la lucha y levantado sobre la coronilla, durante las marchas. A partir de esta peculiaridad, surgiría en las ciudades de la Magna Grecia, el llamado tipo italo-corintio o apulo-corintio, que reproducía el modelo corintio alzado, con falsos ojos y nasales, y que perduró como casco de moda entre los oficiales del ejército romano hasta el siglo I d. J.C.. Su limitada visión lateral y escasa audición no eran importantes en el combate, porque la cerrada formación hoplita restringía la lucha a un arco frontal, y donde, trabado el combate, la maniobra era escasa o nula. Lo fundamental es que proporcionaba buena protección tanto contra golpes tajantes y punzantes como contra los procedentes de armas arrojadizas. Se ha demostrado, que para penetrar el bronce de un casco debe aplicarse más energía de la que normalmente produce un golpe de lanza, espada o flecha. El casco se solía portar sin ningún elemento adicional, pero a veces se añadían penachos de crin de caballo sujetos sobre una cresta e, incluso, otros elementos, como cuernos metálicos, etc., diseñados para dar un aspecto aún más impresionante al guerrero y para hacerle parecer más alto y corpulento. A partir del siglo V a.C., determinadas crestas transversales quizá sirvieron como insignias de rango, al menos en el ejército espartano. El progresivo aligeramiento de la panoplia hoplita desde principios del siglo V a.C., con la sustitución de las corazas de bronce por las de lino, afectó también al casco corintio, sustituido por modelos más cómodos, como el calcidio. En la Guerra del Peloponeso, los espartanos utilizaron cascos cónicos aún más sencillos e, incluso, simples gorros de fieltro. Lo mismo ocurría con los mercenarios, cada vez más numerosos, que no podían costearse los elaborados cascos corintios.

