Colinas de Roma
La Roma de Servio Tulio no se consideraba como la ciudad de las siete colinas. Esta designación se aplica en estos tiempos a la antigua y más pequeña ciudad palatina. En la época de la decadencia, cuando la festividad del Septimontium (conservada hasta el tiempo de los emperadores y celebrada aún entonces con una afluencia notable de gente) comenzó a ser considerada, sin razón, como una fiesta general de la ciudad, la ignorancia de los literatos siguió al error común. Se buscó y se creyó encontrar las siete colinas en el recinto de la Roma imperial. Pero ya Cicerón, en una carta muy enigmática escrita en lengua griega y dirigida a Ático, y también Plutarco dan origen a este menosprecio. El monumento más antiguo que enumera extensamente las siete colinas de la Roma imperial (Montes) es la Descripción de Roma escrita en tiempo de Constantino. Nombra el Palatino, el Aventino, el Celio, el Esquilino, el Tarpeyo, el Vaticano y el Janículo, desprecia el Quirinal y el Viminal, que son pequeños collados (calles), y añade a los antiguos montes las dos alturas de la orilla derecha del río. Otra lista aún más embrollada nos ha sido transmitida posteriormente por Servius y por Lydus. En cuanto a las siete colinas de la ciudad moderna, que son el Palatino, el Aventino, el Celio, el Esquilino, el Viminal el Quirinal y el Capitolio, no las ha enumerado jamás ningún autor antiguo. Ver, Liga del Septimontium, Pincio.

