Liga Latina
Las aldeas latinas, los vici, albergaban a una población de pastores y agricultores, cuya conciencia de pertenecer a un tronco común, el nomen Latinum, se conservó en una liga, que veneraba a Iuppiter Latiaris en un santuario común, en las faldas de los montes Albanos. La cercanía al santuario hizo que la aldea de Alba Longa tomara una preeminencia religiosa sobre las demás, que, con el tiempo, se trasladó a otras comunidades, con nuevos lugares de culto, como Lavinium, Aricia, o la propia Roma. Durante el período monárquico Roma apenas traspasó los límites del ámbito latino, del que ya Tarquinio Prisco llegó a dominar una tercera parte aproximadamente. A finales de la monarquía o comienzos de la República, el dominio romano era tan notorio que numerosas ciudades unidas en torno a la Liga Latina se enfrentaron a él en varias ocasiones: en Aricia (504), en Lago Régilo (496). La llamada guerra latina (340-338), se saldó en Trifanum con la victoria romana. Las comunidades latinas fueron integradas como parte del territorio romano. A los latinos se les otorgó un derecho restringido de ciudadanía (el ius latii o derecho latino) y en 338 se disolvió definitivamente la Liga Latina.

