Segunda guerra samnítica
(326-304 a.C.). Los samnitas, en sus periódicos desplazamientos, alcanzaban con frecuencia el litoral e incluso el interior de Campania con evidente peligro para la integridad territorial de los estados vecinos. Por ello Roma, antes de iniciar la Guerra Latina, se apresuró a concertar una paz con ellos en 354. Pero tres décadas más tarde la situación había cambiado completamente. Roma dominaba sin discusión en Italia Central y, en consecuencia, el Samnium representaba un claro obstáculo a sus objetivos expansionistas. El pretexto para una nueva guerra lo ofreció, en esta ocasión Neápolis. La ciudad se encontraba dividida entre dos partidos opuestos, que decidieron recurrir a la ayuda exterior. Mientras unos apelaban a los samnitas, los otros pidieron ayuda a Roma. Los samnitas lograron introducir una guarnición en Neápolis, pero el Senado romano envió dos legiones, que, tras penetrar en la ciudad y expulsar a los samnitas, impusieron una alianza con Roma. La liga samnita declaró entonces la guerra, la segunda en la enumeración tradicional. Esta guerra, como la tercera, es más bien un período incesante de conflictos armados que también involucran a los restantes pueblos de Italia, desde el Po hasta el estrecho de Mesina. La inestabilidad fronteriza de ambos contendientes empujó a la misma estrategia por las dos partes: conseguir aliados en la retaguardia del contrario: Apulia y Lucania en el caso romano; las ciudades etruscas y umbras y las tribus montañesas del Apenino central en el samnita. La primera parte de la guerra es célebre por el episodio de las Horcas Caudinas, ocurrido en 321, cuando un ejército romano que había penetrado imprudentemente en el abrupto territorio del Samnio, fue obligado a capitular de forma humillante. Cinco años más tarde, en la segunda fase de la guerra, los samnitas obtuvieron una nueva victoria en Lautulae, contrarrestada con la derrota de Tarracina, que permitió a los romanos emprender a los romanos una ambiciosa política de colonización en puntos estratégicos del interior, entre el lacio y Campania. De esta época es la construcción de la Vía Apia. En el 305 se produjo la acción decisiva: el cónsul Fabio Ruliano capturó Bovianum, la principal ciudad samnita en pleno corazón del país. Los samnitas se vieron obligados a pedir la paz (304), en la que si bien conservaron sus territorios, vieron gravemente comprometidas sus futuras posibilidades políticas y económicas.

