Mirtilo
En las versiones dramáticas de la leyenda de Pélope, Mirtilo es el auriga de Enómao. Era un personaje considerable, pues el oficio de escudero y conductor de carros era entonces muy honorífico. Conducía los caballos con tal arte, que Enómao esperaba al comienzo de la carrera a los que habían osado entrar en esta lucha con él, para obtener a Hipodamía, y les atravesaba con su dardo al alcanzarlos. Traidor a su amo, quitó la clavija de la rueda de su carro reemplazándola por otra de cera. De este modo permitió a Pélope lograr la victoria sobre Enómao, cuyos caballos divinos no habrían podido ser vencidos sin este ardid. Ver, Pélope, Hipodamía. Mirtilo es hijo de Hermes, sin duda porque era diestro y astuto, y de Faetusa, una de las hijas de Dánao, o de Clímene. Se dan varios motivos para explicar su traición: unas veces se dice que estaba enamorado de Hipodamía; otras, que fue sobornado por ella; otras aun que cedió al oro de Pélope. Después de la victoria de éste y del rapto de Hipodamía, Mirtilo fue muerto por Pélope, que lo arrojó al mar (según ciertos autores, Mirtilo es el epónimo del mar de Mirtoo, que baña las costas meridionales del Ática). Al morir, Mirtilo maldijo a Pélope y a su raza, en lo que habría de verse el origen de las desgracias ocurridas a sus descendientes. Todas las desgracias de los pelópidas eran atribuidas a sus manes irritados. Sobre su muerte existen dos versiones principales: o bien en camino habría intentado violentar a Hipodamía, o Pélope le habría matado para no tener que pagarle el precio convenido por su traición. Después de su muerte, Hermes transformó a su hijo Mirtilo en una constelación: el Auriga.

