Período Tinita

Este período de la historia egipcia, comprende las Dinastías I y II. Recibe su nombre de Tinis, ciudad próxima a Abidos donde los reyes de esta época fijaron su residencia. Estas dos primeras dinastías representan, por así decirlo, "un ciclo completo en la historia de Egipto" en cuanto a unificación y disolución del país. Asimismo la época tinita (ca. 3065-ca. 2686) contiene ya algunos de los elementos institucionales y sociales que caracterizarán la historia posterior: la residencia real tiende a fijarse en el Delta, que predominará sobre el Valle durante más de cuatro ss.; la fundación de Menfis, en el norte, prefigura la nueva capitalidad del inmediato Imperio Antiguo; la expansión hacia el norte (Sinaí), sur (Nubia) y este (Mar Rojo) preludia la futura política exterior faraónica de los "imperios", aunque todavía no sea más que una estrategia de defensa de fronteras contra las posibles incursiones de asiáticos por el noreste o de libios por el noroeste; en fin, si los órganos administrativos (nomos, funcionarios, justicia, etc.) propios de un estado centralizado no existían anteriormente, su configuración no puede sobrepasar a esta época, en la que se distingue ya una administración "nómica" (provincial), relativa al gobierno de los nomos, y otra "palacial" (central), vinculada a la residencia del faraón; pero los nomarcas (o gobernadores de los distintos nomos) son ya funcionarios reales. Todos estos cambios, aunque numerosos, encajan bien en el contexto de consolidación de la realeza faraónica, por lo que no sería necesario retrotraerlos hasta época predinástica. Por otra parte, los restos de cultura material del período revelan un notable desarrollo de la producción artesanal (cuencos, vasos, vasijas, platos) e industrial (herramientas de uso doméstico, cuchillos de uso bélico); la introducción del torno permite aumentar la producción cerámica y diversificar los tipos; progresa la orfebrería y los relieves con motivos figurativos en marfil o alabastro, que prefiguran la línea del arte dinástico. En fin, la incipiente centralización del Estado llevada a cabo por la monarquía unificadora supuso en Egipto, como en otras áreas del Próximo Oriente, un fuerte impulso a los métodos y sistemas más estrechamente ligados a su mantenimiento: la escritura, como medio de control; la irrigación, como instrumento de poder; los ritos y símbolos religiosos, como legitimación del poder faraónico; el conocimiento práctico (medidas, pesos, cálculo, calendario, observación astronómica) que, en un estadio precientífico, constituía el soporte técnico y cultural necesario para el mantenimiento y avance del nuevo Estado.
 
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